Los expertos alertan sobre el riesgo de la delincuencia juvenil, que atribuyen a una sociedad permisiva que deja solos a los adolescentes por los horarios de sus padres
27 sep 2009 . Actualizado a las 02:40 h.Los delitos contra las personas cometidos por menores van en aumento. Esa es la conclusión que se desprende de los datos de la memoria 2009 de la Fiscalía General del Estado, según la cual, a pesar de que «la criminalidad juvenil ha experimentado un descenso cuantitativo» en algunos tipos penales de frecuente aplicación, como robos y delitos contra la salud pública, «algunos de los de mayor gravedad han sufrido un incremento», dice el documento, que agrega que los menores «están cometiendo delitos de una complejidad cada vez mayor».
Los procedimientos incoados contra menores que por ley están en edad de asumir una responsabilidad penal -es decir, entre 14 y 18 años- por delitos de violencia doméstica, contra la libertad sexual y contra la vida, aumentaron considerablemente del 2007 al 2008. En el ámbito de la violencia doméstica, en el 2007 se abrieron 2.683 causas, mientras que en el 2008 fueron 4.211. Los delitos que más aumentaron en esta categoría fueron las agresiones de hijos a padres. Los delitos contra la libertad sexual pasaron de 1.501 a 1.740, mientras que los delitos contra la vida, que agrupan, entre otros, homicidios y asistencia en el suicidio, pasaron de 189 a 266 en el mismo período, a pesar de que en el 2006 las cifras habían experimentado un descenso significativo, llegando a 120.
En opinión de la abogada ourensana Mayte López Pérez-Cruz, presidenta de la Confederación Española de Abogados Jóvenes y especialista en Derecho Penal, en este aumento influyen muchos factores. «Los adolescentes tienen cada vez más acceso a información de todo tipo, y muchas cosas al alcance de la mano porque la sociedad es mucho más permisiva. Por ejemplo, se les prohíbe que consuman alcohol en un bar, pero sí pueden hacerlo en la calle».
Sin posibilidad de conciliar
González asegura que el cambio en la organización de la familia y de la sociedad «hace que los padres no puedan conciliar su vida familiar y profesional, y por lo tanto no pasen tiempo con sus hijos, y eso influye directamente en su educación».
«El problema es que se cometen delitos cada vez más graves por menores cada vez más jóvenes», señaló a La Voz el Defensor del Menor de Madrid, Arturo Canalda. Así, niños de hasta 13 años han cometido delitos que por su gravedad han tenido un gran impacto social, lo que ha llevado a peticiones como la del Partido Popular para rebajar la edad penal a 12 años, o de condenas a pena de muerte o cadena perpetua, como en el caso del asesino confeso de Marta del Castillo. Para Mayte López, «cuando pasa un hecho puntual, se piden medidas drásticas por el impulso del momento». Sin embargo, considera que «bajando la edad penal a 12 años no vamos a solucionar nada», porque «no es un problema que tenga que solucionar la ley, sino el conjunto de la sociedad, que debe ser consciente de la necesidad de inculcar otros valores, de que los hijos respeten a sus padres, de cambiar la forma en que vivimos».
«Mas allá de que hay casos en los que es necesario encerrar al menor, son bienvenidas las políticas encaminadas a su reeducación y reinserción social», dice López, que en ese sentido considera que «los centros de menores deben existir, primero porque funcionan, y porque están enfocados a esa reeducación social, pero es necesario adecuar las penas a las circunstancias del delito, según el principio de proporcionalidad», añade.
Para López, la ley debería reformarse, pero en un ámbito que influiría en la prevención y no en el castigo: «Las leyes no amparan a la hora de conciliar. Trabajar es importante, pero también es muy importante dedicar tiempo a la familia y sobre todo a los hijos, especialmente en edades que son muy importantes para su desarrollo». «La solución pasa por la educación, primero en casa, luego en el colegio», asegura la letrada, para quien «los profesores no tienen por qué enseñar lo que los menores deberían haber aprendido en su casa».
Aún así, López aclara que muchos menores «son solo el reflejo de lo que viven en su familia y en su entorno, y agreden porque han visto y vivido agresiones en su casa».