Abucheos y pitidos para Zapatero en el desfile de las Fuerzas Armadas

EFE

ESPAÑA

La bandera española ha sido la protagonista no sólo del acto, sino también del atuendo de muchos de los espectadores.

12 oct 2007 . Actualizado a las 22:26 h.

Los gritos en apoyo al Rey se han alternado con los abucheos a José Luis Rodríguez Zapatero durante el desfile de las Fuerzas Armadas, en el que la política ha «encendido» a algunos pocos mientras la mayoría fotografiaba a los militares y la bandera se convertía en complemento de moda en muchos atuendos.

Desde antes de las nueve de la mañana familias enteras y grupos de amigos se han ido acercando a Colón para presenciar el acto, y han aprovechado la presencia de los distintos efectivos militares formados en espera antes del desfile en el Paseo de la Castellana, para fotografiarse con los tanques y los vehículos especiales.

La bandera ha sido la protagonista no sólo del acto, sino también del atuendo de muchos de los espectadores: desde los que se la colocaban a modo de capa o de delantal, hasta las mujeres que la llevaban como pañuelo alrededor del cuello, como lazo para sujetarse la coleta de pelo o como cinturón.

Especialmente significativo fue el número de inmigrantes que, como parte de su atuendo (gorras, camisetas o pulseras) portaban la enseña española.

Entre las banderas se han visto bastantes inconstitucionales, alguna que otra con un enorme lazo azul (en homenaje a las víctimas del terrorismo) prendido, y muchas otras que, en lugar de exhibir el escudo oficial, mostraban una corona, en apoyo al Rey, quien ha recibido a lo largo de todo el acto numerosos gritos de apoyo.

Durante la hora aproximada de espera que los espectadores han aguantado para estar en primera fila -afortunadamente sin la lluvia caída otros años-, la impaciencia ha propiciado algún que otro enfrentamiento entre los asistentes, como cuando un hombre ha increpado a otro por llevar prendido en la solapa de la chaqueta un «pin» del PSOE.

«Dejad la política para otro día», «estamos en paz», les recriminaban desde las vallas, mientras varios ancianos arremetían contra el Gobierno, que «va a hundir y a dividir a España», y eran jaleados por un grupo de adolescentes con banderas inconstitucionales anudadas al cuello.

La Ley de Memoria Histórica que se está tramitando en el Congreso se llevó unas cuantas críticas. «Señores diputados: dejen que los muertos entierren a los muertos, queremos vivir la paz de 1978», pedía un hombre con una pancarta.

Indiferentes a la polémica política, algunos comentaban: «pues yo he venido a ver los aviones», mientras que Ana, Asun y María, todas de 15 años y desafiando la fresca mañana con escuetas minifaldas, reconocían que lo que les había traído a Colón era poder hacerse fotos con los militares, «especialmente con los paracaidistas».

También ajenos a la política muchos niños, subidos a escaleras como en la cabalgata de los Reyes Magos, preguntaban por cada uno de los grupos que desfilaban; otros, no tan ajenos, pedían a sus padres no irse tan pronto argumentando: «es que yo quiero ver cómo abuchean a Zapatero».

Otro padre intentaba explicar a su hijo cómo acababa el acto diciéndole: «ahora ser van los Reyes, y te enterarás porque todo el mundo silba al que se queda».

Pero no ha sido Zapatero el único en recibir abucheos e insultos: al paso de las banderas de los países que integran la misión de la ONU en el Líbano, numerosos asistentes han increpado a la enseña de China, al grito de «chinos, asesinos».

Al final de la parada, un nutrido grupo de jóvenes permanecieron en Colón, muchos de ellos con las banderas inconstitucionales, reiterando los gritos e insultos contra el Gobierno, pidiendo la dimisión de Zapatero y cantando el «Cara al sol».

Quienes no han disfrutado tanto como otros años del desfile han sido los dueños de los puestos callejeros de venta de banderas españolas (10 euros la grande, 5 la pequeña, y 3 euros las pulseras y llaveros), que reconocían haber vendido menos que en otras ocasiones. «La gente las tiene (las banderas) desde las manifestaciones contra el terrorismo», explicaban.

Ajenos al desfile, una solitaria pareja tomaba un café en una terraza del paseo, unos pocos ojeaban ejemplares de la Feria del Libro Antiguo, y muchos turistas despistados, sobre todo japoneses y norteamericanos, tomaban fotos mientras preguntaban por qué a veces se oían pitidos. «Zapatero is stupid», trataba de explicarles una mujer.