Las malas previsiones para Os Lombos empujaron a la flota a repartirse entre A Pobra y O Bohído
05 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La campaña de libre marisqueo arrancó ayer en Arousa marcada por los malos augurios. Los biólogos habían advertido de que este no iba a ser un año de vacas gordas en ninguno de los bancos principales, Os Lombos do Ulla, Cabío y O Bohído. Y esas negras previsiones se han cumplido. «Viñemos todos bastante decepcionados», explicaba el patrón mayor de A Illa, Ángel Iglesias, poniendo voz a un sentimiento extendido entre los tripulantes de las 800 embarcaciones que ayer se hicieron a la mar. Ni siquiera los precios alcanzados en la subasta, razonablemente buenos, hicieron aflorar la esperanza en los puertos de la ría.
Que esta va a ser una campaña atípica ya se sabía. Los estudios realizados por los técnicos de Mar habían advertido de un descenso notable del berberecho en Os Lombos do Ulla, especie que durante años ha sido el pilar de toda la campaña. La rebaja del tope de extracción de este bivalvo, que ha quedado fijado en 6 kilos, hizo que ayer a Os Lombos acudiesen solo 305 embarcaciones. Fue el banco al que más barcos se acercaron, sí, pero en una cantidad muy inferior a otros ejercicios. Y aún así, coger los topes no resultó tan sencillo como muchos pensaban. «Hubo barcos que ni siquiera pudieron coger los seis kilos», narraba ayer el patrón mayor de Carril, Fernando Franco.
La escasez de berberecho en Os Lombos se ha convertido en un motivo de preocupación importante. El presidente de las cofradías gallegas, Benito González, indicaba que se está registrando una elevada mortandad en la desembocadura del Ulla, que en el sector atribuyen a que «este foi un verán moi seco e o berberecho precisa de moita auga doce». Sea cual sea la causa, los mariscadores miran al futuro con preocupación. Algunos apuestan por reservar el berberecho para Navidad, cuando más valor tiene en el mercado. Pero otros temen que, para entonces, el poco que hay en el mar haya muerto también.
Las malas previsiones que pesaban sobre la desembocadura del Ulla hicieron que muchas embarcaciones buscasen suerte en zonas de trabajo más próximas a sus puertos base. A O Bohído acudieron 245 barcos, y 265 se acercaron a Cabío. Pero ninguno de los dos grupos volvió a tierra con buenas sensaciones. «Hai pouco marisco no mar, e moito do que hai non dá a talla», explicaba uno de los mariscadores que habían optado por quedarse en O Bao (O Bohído).? Tras el regreso a tierra de toda la flota, muchos cifraban en las subastas la única esperanza de «salvar o día». Y los precios, pese a no ser brillantes, ayudaron a dulcificar el amargor con el que muchos habían vuelto del mar. En Cambados, el berberecho se vendió a precios que oscilaron entre los 8,85 y los 2,5 euros, mientras que en A Illa las cotizaciones bailaron entre los 4,90 y los 2,85 euros. La almeja también logró buenos valores. Pero en la ría nadie olvida que estos datos son fruto de una situación concreta: en estos momentos, Arousa es la única ría gallega en la que los mariscadores pueden trabajar con normalidad.