«Les dije que antes de que se quedasen con mi casa, le plantaba fuego»

G.?L.

ECONOMÍA

25 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

María Jesús es una de las personas que conoce de primera mano las particulares formas de actuación de los subasteros. Hace cinco años, ella y su marido cayeron enfermos. La hipoteca se les puso cuesta arriba y buscó una solución: «Fui al banco a pedir que me rebajasen la cuota mensual, ampliando el plazo de devolución o lo que hiciese falta». Su entidad, sin embargo, no accedió y le aconsejó que vendiese la propiedad para hacer frente a la deuda.

En ese tiempo, y antes de que el banco procediese a ejecutar la hipoteca, una mujer, que se hizo pasar por intermediadora financiera, le prometió a María Jesús que reorganizaría su deuda a un interés del 3% a cambio de 12.000 euros. Después de pagarle, Carmen (el nombre con el que se presentó la falsa intermediaria) no volvió a dar señales de vida y dejó a María Jesús sin margen de maniobra para hacer frente a las cuotas: «Me dejó en la calle», asegura la mujer.

Finalmente, su vivienda llegó a los juzgados, donde fue adquirida por un grupo de subasteros. Finalizada la operación, estos intentaron desalojar a la familia del inmueble, pero el abogado que llevaba el caso consiguió bloquear el desahucio en los tribunales. Al tratarse de una vivienda sin demasiado valor en el mercado libre, los subasteros accedieron a un acuerdo: «Al final llegué a un trato para que me revendiesen la casa por 15 millones de pesetas».

Pero no solo se trataba de una venta. Como los bancos no accedían a darle financiación por sus antecedentes de morosidad, María Jesús tuvo que recurrir por segunda vez a los mismos que habían comprado su casa para obtener financiación con la que recuperarla, con un plazo de devolución de 15 años y un tipo de interés «abusivo». «Y lo peor es que no me mantuvieron el precio, iban aumentándolo de poco en poco hasta que nos pusimos en los 22 millones. Pasaban cada poco por casa e intentaban amedrentarme, pero llegó un punto en que me planté y les dije que yo me quedaría sin casa pero ellos también, que le plantaba fuego antes de que se la quedasen».

Segregación

Así las cosas, María Jesús consiguió formalizar en el notario la compra de su vivienda, a través de su hija, la única en su familia que tenía nómina en ese momento, ya que trabajaba en Zaragoza. Después de un nuevo pleito por un defecto formal en el acto en el que se traspasó la titularidad, la antigua propietaria consiguió, finalmente, recuperar su casa a todos los efectos legales.

«Ahora vuelve a ser mía», se felicita María Jesús. Para saldar toda la deuda, la mujer segregó los distintos pisos de los que constaba la vivienda, que les fue vendiendo a sus hijos y con los que consiguió pagar el crédito que le habían concedido los subasteros. «La verdad es que estoy orgullosa. Pasé mucho y lloré mucho, pero ahora ya recuperé mi casa», remata.