«Encontré un país que lo tiene todo pero donde hay mucha corrupción»

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN/LA VOZ.

DEZA

María Vence pasó los últimos meses en Santiago de los Caballeros trabajando de voluntaria en una ONG local donde desarrollaba labores de apoyo en comunicación

09 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.

A María Vence la pasión por las letras le viene desde pequeña cuando ya de escolar ganaba el Varela Buxán. A la hora de elegir estudios, se decantó por Periodismo, carrera que cursó en Santiago de Compostela. Completó su formación con un Máster de Cooperación Internacional y gestiones de las ONGs y los últimos meses los pasó en la República Dominicana trabajando como voluntaria en una ONG local: la Fundación de Desarrollo Loma y Salud (Fundelosa).

-¿Cómo surgió lo de marcharse para el Caribe?

-El máster lo acabé en el 2008. Hice las prácticas en Madrid en una ONG y en agosto del 2010 acabé de trabajar en un gabinete de prensa. Siempre me gustó el trabajo en temas de cooperación, de hecho, para eso me formé. A finales de septiembre me fui a trabajar como voluntaria. Me ofrecían alojamiento y comida y allá me fui.

-¿Cuál era su labor?

-Fui para apoyar la parte de comunicación interna y externa de la organización. Aunque no lo parezca es una parte importante, no solo para buscar financiación sino que es una manera de sensibilizar a la gente, de que los proyectos lleguen a la población. Las relaciones internas también se descuidan mucho, trabajamos en la utilización de los correos electrónicos y también me llevó allí la página web. Ahora es muy raro encontrar una ONG que carezca de web. Fundelosa no la tenía. Allí yo podía estar en el fin del mundo pero te conectas -aunque la mayor parte del día no funcione la conexión- y llegas a cualquier parte. Es una herramienta muy importante y muy democrática porque llega a todo el mundo. En cooperación se usa mucho, además da fortaleza institucional.

-Es una ventana al mundo ...

-Sí, una cosa es que tú cuentes un proyecto, el trabajo que desarrollan, pero en la web la gente ve las fotos, los datos aunque no están las cuentas por falta de recursos humanos. Es otra cosa.

-¿Son mucha gente en la fundación?

-Es una ONG local, algo que tiene mucho más mérito porque las iniciativas nacen en el territorio y son desarrolladas por gente de allí. No son proyectos que crea alguien en un despacho en otro país y se traslada allí, que normalmente eso se acaba y ya está. Al ser una ONG local el trabajo perdura más, existe una implicación directa. La mayoría de mis compañeros son gente voluntaria. Por la mañana daban clase y por la tarde trabajaban allí. Hay gente que llegaba a las nueve de la mañana y se iba a las once de la noche.

-¿Así que eso del ritmo del Caribe no es como lo pintan?

-Pese a la mala prensa y los anuncios, son gente muy trabajadora, aunque sí es verdad que la gente tiene otro ritmo. Cuando llegas te sorprendes de que la gente ande tan despacio por la calle, pero es que si corres, sudas. Tiene su lógica.

-¿Cómo fue el primer día?

-Tú lees cosas, tienes la documentación, pero una cosa es estar allí y verlo, estar en el territorio. La primera noche me contaron tantas cosas y me dieron tantas advertencias, que pasé un miedo horrible. Era la primera que me alojaba en donde iba a ser mi lugar de trabajo. Es una casa enorme con una sola habitación y está en el segundo barrio más conflictivo de Santiago de los Caballeros, que es la segunda ciudad más poblada del país. Una ciudad del interior, a hora y media de las playas y por allí no pasa nadie. Allí no hay cristales en las ventanas porque no hace falta, hace calor y se oyen todos los ruidos de la calle. Pero eso fue el primer día. La gente es muy hospitalaria y extremadamente acogedora.

-¿Con qué realidad se encontró?

-Es un país muy rico, lo tiene todo, un clima ideal, un medio ambiente extraordinario, pero hay mucha corrupción. Están muy influenciados por los yanquis. Con los haitianos hay mucho racismo, aunque hay cooperación.

-¿Qué advertencias le hicieron?

-Allí me llamaban María la de la embajada española y la rubia, porque pese a que soy morena era la más blanca. Me dijeron que no saliera a la calle de noche, que no cogiera taxis, que no comiera comida de la calle.

-¿Y lo cumplió?

-No mucho. Cogía taxis continuamente que compartes con un montón de gente porque lo que da miedo es el transporte público. Las carreteras no tienen rayas y el tráfico es un caos. Hay accidentes y atropellos todos los días. Más que baches tienen agujeros negros, los conductores van despacio y eso los salva (risas). Compraba comida en los mercados de la calle, en las ferias, porque es mucho más barata que en las tiendas. Nunca me pasó nada.