El presidente del Vioño coruñés, Julio Otero (A Coruña, 1940) agredido por unos jugadores juveniles del Sin Querer, pasaba la tarde de ayer en la sede del club mientras se recuperaba de las heridas provocadas por los golpes, un hematoma en el pómulo, un derrame ocular y una brecha en la ceja que requirió tres puntos de sutura. «Yo estaba dudando si dejar el fútbol en agosto, pero después de esto me lo estoy pensando muy en serio», dice apesadumbrado.
«Mi esposa está muy afectada y a mí me parece increíble verme en esto, yo que recibí golpes por proteger a un árbitro cuando era jugador, que expulsé a un padre por provocar en el partido de su hijo, y que recomendé que no convocásemos a uno de nuestros jugadores conflictivos para evitar problemas ante el Sin Querer...», lamenta.
Otero tiene claro quiénes son los responsables de la violencia en el fútbol gallego y los mecanismos para terminar con ella. «En categorías inferiores, los padres son los culpables. Los de mis agresores, ni han llamado para interesarse», explica. «Y el único organismo con verdaderas competencias para erradicar esto es la federación. Debería inhabilitar de por vida a los violentos, quitarles la licencia», argumenta. Sin embargo, no exime a los clubes de sus propios cargos. «En la próxima asamblea de la AFAC propondré que los clubes no fichen a los jugadores que han agredido, que nadie los quiera en sus equipos», anuncia.
Julio Otero piensa que se trata de un problema educacional en el que se inhibe hasta la policía. «Muchos son menores de edad, saben que no les castigan. Antes al contrario, para ellos la violencia es su diversión, presumen de ello. Ni los padres se dan cuenta de lo grave de la situación», zanja.
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