Era un partido trampa y a punto estuvo el Barça de caer en ella. El líder recibía al colista y hasta lograr el tercer tanto los de casa no pudieron respirar tranquilos a la espera del Inter y del siguiente envite de la lucha por el título con el Real Madrid. Guardiola no hizo los cambios al abrigo del vestuario. Quiso que todo el Camp Nou fuera testigo de que el Barça no tiene un plan B a la altura del farolillo rojo de Primera. Empezando por la zaga, donde Márquez y Chygrynskiy compiten en falta de velocidad, y rematando en una delantera que acoge a un prejubilado y a un jugador que solo brilla, ocasionalmente, en los resúmenes de los partidos.
Las repeticiones mostrarán a Ibrahimovic sirviendo a Henry el 2-0 y empujando a la red la gran jugada de Touré para firmar el 3-1. Difícilmente enseñarán los 18 balones que perdió el sueco. La cuarta parte exacta de los que su equipo regaló ayer al rival. Y fueron unos cuantos.
Al Barcelona se le atragantó el Xerez. Guardiola quiso reservar fuerzas para recibir al Inter y solo mantuvo sobre el campo al portero y tres centrocampistas con cartel de titulares. Valdés fue durante el arranque de cada parte el más importante de los suyos y los visitantes se empeñaron en sumarse a la campaña de Laporta para hacer internacional al guardameta.
En la primera mitad el duelo estuvo equilibrado, con el Barça acumulando posesión estéril y el Xerez poniendo en aprietos a la zaga rival. Los locales tuvieron cuatro y marcaron dos. Jeffren rentabilizó la suya pese a empezar la jugada desperdiciando con un resbalón un buen pase de Xavi. Sin embargo, el canario se rehízo ayudándose con el brazo y superó perfecto a Renan.
Bermejo devolvió la emoción
Diez minutos después, el Barça doblaba la distancia: Henry machacó la combinación entre Keita e Ibra. Pese al escaso juego, el encuentro se ponía plácido, pero de inmediato se coló ahí Bermejo para aprovechar la lentitud de Márquez al tirar el fuera de juego y la falta de cintura de Chygrynskiy. El derechazo entró por la escuadra.
El Xerez empezó a pensar seriamente en aguarle la fiesta al líder y arrancó la segunda parte con dos ocasiones para el lucimiento de Valdés ante una zaga presa de los nervios. Fue demasiado para Guardiola, que en el minuto 50 señaló en un doble cambio los problemas del equipo reserva. Con Piqué en lugar de Márquez se acabó el desnorte atrás y Messi ofreció al fin a Xavi alguien de garantías a quien entregarle el balón. El argentino abrió huecos para las llegadas de Keita y Touré, que no tardaron en dar frutos.
El marfileño es un espectáculo en cuanto a potencia y despliegue físico. Eso exhibió ayer y permitió al Barcelona vivir sin sobresaltos la última media hora. Touré arrancó decidido hacia la meta de Renan, dejó atrás a su marcador con un autopase, levantó la cabeza y la puso al segundo palo, donde llegaba Ibra sin nadie que lo estorbara. El ariete festejó el 3-1, que alivia un tanto sus ansias de cara al duelo contra el Inter.
Sobró el resto del choque. Los de Gorosito, que están firmando un notable fin de campaña resistiéndose al desahucio, se vinieron definitivamente abajo. El Barça disparó sus estadísticas en posesión y remate y el Xerez se dedicó a acumular amonestados y expulsados. Lo que había sido un encuentro limpio sin una mala patada se torció definitivamente y Alustiza y Orellana se despidieron antes de tiempo con una fea entrada a Messi y un golpe sin balón a Bojan.
Los de casa acabaron el partido festejando otra semana en el liderato y enfundándose unas camisetas para animar al público a acudir en masa a la vuelta de la Champions. Una propaganda que hará más por llenar el Camp Nou que el pobre espectáculo de ayer ante el colista.