El equipo coruñés le exige regresar o pagar los 25 millones de euros de su cláusula de rescisión
Se entrenó por su cuenta, pese a la presión del Deportivo y del Zaragoza por incorporarlo a sus filas
La disputa entre el Deportivo y el Zaragoza por Lafita amenaza con socavar la imagen y la moral de un futbolista entre dos aguas. Sigue en Zaragoza, adonde llegó el miércoles, y se entrenó ayer por su cuenta en un gimnasio. Según asegura su entorno, no se moverá de la capital aragonesa, lugar de residencia de su familia y la de su mujer, hasta que la Liga de Fútbol Profesional decida a qué club pertenece. Y esto no sucederá antes del martes, cuando finaliza el plazo para que el Deportivo presente alegaciones a su inscripción provisional con el Zaragoza, que ejecutó su opción de compra al filo del cierre del mercado de fichajes.
Pese a que hoy no hay entrenamiento de la primera plantilla deportivista, el jugador está llamado a ejercitarse en A Coruña. El club amenaza por declarar al jugador en rebeldía, pues estima que el viaje a su ciudad natal supone una ruptura unilateral de su contrato, por lo que le insta a pagar la cláusula de rescisión, que cifra en 25 millones de euros.
Richard Moar, quien ayer siguió el trabajo matinal del equipo en Abegondo y se le vio charlar sobre el césped con Lotina, Ribera y Domínguez, justificó esta amenaza: «Él [Lafita] por lógica tiene que estar en A Coruña, que es donde está su puesto de trabajo, y no en Zaragoza». Allí, pese a la presión del equipo maño para que se ejercite ya junto a sus nuevos compañeros, el futbolista insistió en hacerlo en solitario. Su primera intención fue correr por un parque cercano a su domicilio, sito a solo cien metros de la Ciudad Deportiva del Zaragoza, pero la presencia de numerosos medios de comunicación le llevó a trasladarse a un gimnasio, donde corrió sobre una cinta y trabajó con pesas.
El asesor del presidente deportivista añadió: «Nosotros le hemos dicho al jugador, a través de su agente, porque él no coge el teléfono, que regrese a los entrenamientos». En cambio, el propio Lotina reconoció el pasado martes que había hablado con Lafita y que este le había pedido no acudir hasta que se aclarase la situación. Solo entonces el jugador hizo las maletas. Ahora los dos clubes se disputan la posesión de un jugador que se siente mercancía, la excusa de un enfrentamiento en que el mayor perjudicado es él.
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