| El empleado formaba a los chavales desde hace 35 años
Aquí no ejercen esculturales modelos como en Madrid. Son chavales y chavalas de 12 a 16 años y menos de 1,75 metros de estatura para no tapar los anuncios. Pero los recogepelotas de Roland Garros también se encuentran en el ojo de la polémica. Ridha Bensalha, su responsable y formador desde hace 35 años, ha sido despedido por «acoso moral». Un manifiesto de solidaridad ya ha recogido 300 firmas de apoyo.
La carta de despido le llegó a Bensalha el 7 de mayo, el día que cumplía 59 años. Solo dos semanas antes del comienzo del torneo, la Federación Francesa de Tenis (FFT) le ponía en la calle sin indemnización por falta grave. Su abogado ha enviado una carta a la junta directiva en la que amenaza con acudir a magistratura si no se aviene a negociar antes del fin de semana.
Una responsable de comunicación de la FFT ha explicado que el despido obedece a las quejas de padres. «Además de una tendencia al abuso de autoridad, Bensalha dio muestras de comportamientos inapropiados. La federación no puede asumir riesgos. Es su responsabilidad», declaró la portavoz.
Las insinuaciones indignan al afectado, que considera el procedimiento «asqueroso». Cree que la decisión obedece al reciente relevo al mando de la federación. Jean Gachassin, un ex-jugador de rugbi nacido hace 67 años en Bagnères de Bigorre, sustituyó en febrero a Christian Bîmes, presidente desde 1993.
Casi tres mil candidatos
«Me acusan de acoso moral. Supongo que quieren echarme para poner a un joven. Han buscado un pretexto», opina el hombre que creó en 1974 el servicio de recogepelotas de Roland Garros, por el que han pasado decenas de miles de críos. Cada año 280 privilegiados son seleccionados entre 2.700 candidatos en pruebas por toda Francia.
Valérie Bellières, madre de uno de ellos, ha promovido en Internet la protesta contra el despido porque «los motivos invocados son aberrantes». «Lo que se le reprocha es que habla claro y que se ha salido de su papel de reclutador al concebirlo como el de un educador», explica.
La lectura de los mensajes de solidaridad ofrece el retrato de un profesional muy estricto, rígido y autoritario del que sus pupilos han guardado un grato recuerdo y al que están eternamente agradecidos por haber hecho realidad un sueño. «A veces puede parecer duro, pero es por nuestro bien», escribe Aurelie. Los chavales más duchos, dan pelotas, toalla, agua y hasta sombra a sus ídolos. No hay cheque-regalo de patrocinador que supere esa recompensa. Se lo deben al que era su mentor hasta que alguien gritó: «Bolas nuevas».
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