Fergie y Pep: dos hombres y un estilo

DEPORTES

El Telegraph británico pidió a José Mourinho que hiciera un análisis sobre la final de mañana. El portugués fue desgranando cada aspecto del encuentro y llegó al de la comparativa entre técnicos: «La gente dice que hay una gran diferencia entre la experiencia de Sir Alex Ferguson y Pep Guardiola. ¿Experiencia? ¿Qué es eso? Si eres bueno, eres bueno a los 35 y también eres bueno a los 65 (...). Por supuesto, Sir Alex afronta su tercera final de la Champions y para Pep es solo la primera como entrenador, pero cuando te mueves en los más altos niveles te sientes a gusto en momentos como estos. Nos encantan estos momentos. Recuerden: yo tenía solo 41 años cuando jugué la final de la Liga de Campeones con el Oporto. Y la gané».

El jefe de filas del Inter, que no pierde ocasión de sacar pecho, desmiente que el duelo de banquillos caiga del lado del escocés por el peso de los años. Sin embargo, el paso del tiempo ha propiciado en Ferguson una variedad de registros de la que, hasta la fecha, carece Guardiola, que está convencido de que el camino hacia la victoria es único: el del juego bonito.

«Para ver a un Barça diferente tendrán que cambiar de entrenador», pregonaba el de Santpedor antes de medirse al Chelsea en Stamford Bridge. Ferguson firmó una frase parecida en 1978, cuando comenzó a entrenar al Aberdeen, que destacaba por su juego bonito. Perdió una final de la Copa de la Liga en su primer año, y persistió en su ideal del fútbol de toque (¡en Escocia!) cuando volvió a disputar el título la temporada siguiente, ante el Dundee United. Volvió a quedar subcampeón, tras un encuentro de desempate, y aquello le cambió el discurso: «La derrota fue culpa mía, debí haber modificado el planteamiento para el segundo partido», reconocería en el libro The Boss .

Un año después, el Aberdeen rompía la racha de quince títulos de Liga compartidos entre Celtic y Rangers, y en 1982 Ferguson obtuvo la primera victoria de su carrera en una final: se llevó la Copa de Escocia. Guardiola tenía once años. El club revalidó trofeo la temporada siguiente, cuando le sumó una Recopa, conquistada frente al Real Madrid. Ferguson no había renunciado al toque, pero en aquel partido ante el club blanco sabía a los suyos inferiores a los entrenados por Di Stefano (al que regaló una botella de whisky antes del encuentro), así que les exigió entrega y ordenó adelantar la presión. Los escoceses vencieron en la prórroga. «Fue una diferencia de espíritu», explicaría después el alemán Stielike, alistado entre los derrotados.

Cuestión de espíritu y suerte

El espíritu (y la fortuna) caracterizan a los equipos de Fergie, que no exhiben la alegría ofensiva de los primeros días del Aberdeen o el Barça de Guardiola, pero tampoco pueden ser tachados de conservadores. Sir Alex gusta del 4-3-3, que se transforma en 4-5-1 al defender, y se adapta a las exigencias de cada encuentro. Tras la hemorragia de goles del torneo de Champions de la 98-99 -2,7 por partido, frente a los 2,5 que lleva el Barça esta temporada-, planteó la final ante el Bayern como un ejercicio de especulación que dio frutos en el descuento (en la edición pasada venció al Chelsea en los penaltis). Con la orejona conquistada en el Camp Nou, el escocés cerró un triplete que le valió el título de Sir.

Guardiola busca también la triple corona en el Estadio Olímpico. Lo hace en su año de debut y todavía le quedará remar para igualar en prestigio a su rival: «Si el miércoles gana el Manchester, Ferguson se convertirá en el mejor entrenador de la historia». Palabra de Mou.