El Ciudad de Santiago venció con claridad al colista Valladolid B, al que superó en el estadio de San Lázaro por 3-1, con goles de Zabala, Maikel y Marcos Suárez. El once de Luisito solo necesitó dos minutos de inspiración ofensiva para doblegar al filial pucelano.
Dos minutos de claridad atacante justo cuando peor se le habían puesto las cosas a los de casa, que a los pocos segundos de empezar la segunda parte encajaron un gol en frío, tras un error del meta Mackay. Los verdiblancos, sin embargo, se repusieron de inmediato al mazazo inicial y en menos de un minuto lograron igualar la contienda.
Esta nueva situación no fue capaz de asimilarla el colectivo vallisoletano, que sesenta segundos después recibió el segundo tanto. Fueron dos goles que reventaron al filial y que sirvieron para sentenciar el encuentro. Tras el segundo tanto, el Valladolid B no levantó cabeza y ya fue incapaz de crear tensión sobre el rectángulo de juego.
El Ciudad levantó el pie del acelerador y jugó sin prisas y sin temores. Cumplida la hora de juego, una nueva combinación de calidad entre Maikel y Marcos Suárez sirvió para noquear definitivamente al joven adversario. Con el tercer tanto, el Valladolid ya se entregó y arrojó la toalla.
Pero el 3-1 final hubo que trabajarlo mucho. El Ciudad, lento y sin iniciativa, tuvo muchos problemas para imponerse al once pucelano. De hecho, durante toda la primera parte el equipo de Luisito mostró grandes carencias.
Escasa superioridad
En ningún momento se sintió superior a su adversario durante el primer acto. El juego del Ciudad fue aburrido. Bien en defensa, los compostelanos fueron incapaces de hilvanar acciones de calidad para unir el centro del campo con la delantera. Suerte que los atantes del filial fueron muy inocentes, porque en sus escasas llegadas apenas tuvieron valor y acierto para crear peligro.
Tampoco el Ciudad dispuso de claras opciones. En los primeros compases del choque, Maikel tuvo en sus botas la oportunidad de adelantar a su equipo, pero todo se quedó en un simple susto para el Valladolid, que también intentó la sorpresa con un lanzamiento de Quique.
Fue un primer período tedioso y sin fútbol. Una primera parte espesa y demasiado trabada, con dos conjuntos muy apáticos y sin sentido del orden. Fue una primera puesta en escena un tanto ridícula, pues el ningún momento el Ciudad demostró la superioridad que viene reflejando la tabla clasificatoria durante toda la temporada.
Primer tanto
No obstante, la segunda parte fue otra historia. Lusioto realizó algunas matizaciones en su sistema y modificó varias cuestiones durante la charla del descanso. El Ciudad quiso cambiar su imagen en la segunda mitad, pero el Valladolid estuvo muy cerca de estropearlo todo.
Nada más empezar a rodar el balón, el filial pucelano se adelantó en el marcador, tras un error del meta Mackay y un despiste colectivo de la zaga local, pues el balón se quedó dentro del área pequeña sin que ningún defensa verdiblanco fuese capaz de mandarlo a la grada. Quique, con la puntera, puso contra las cuerdas al Ciudad.
Y en San Lázaro se temió lo peor. Hasta el momento, el Ciudad no había dado una a derechas y, por encima, el Valladolid B se puso por delante. Fue el instante en el que los verdiblancos sacaron a relucir la garra y el amor propio que vienen mostrando durante cada jornada de este campeonato.
Nada más sacar de centro, con la grada enmudecida, Zabala igualó la contienda al aprovechar un rechace en corto del meta visitante. Los aficionados ya empezaron a respirar. Les cambió el color de la cara.
Pero la euforia fue todavía más placentera cuando Maikel, tras una galopada de Marcos Suárez, le dio la vuelta al partido un minuto después. San Lázaro cantó ya con alegría y el Valladolid B se entregó. El partido perdió intensidad y el Ciudad todavía tuvo tiempo para redondear al marcador.
De nuevo Maikel y Marcos Suárez fueron los protagonistas, aunque en esta ocasión fue el pichichi quien le devolvió el favor a su compañero de ataque. Maikel asistió de tacón a Marcos Suárez, que marcó su segundo gol de la presente campaña y sentenció el partido ante el filial.