Un problema que se prolongó durante ocho meses

La Voz

DEPORTES

Lopo se lesionó en uno de los primeros entrenamientos de esta temporada, el 26 de septiembre del 2007. Con fuertes dolores en la espalda el central catalán, que iniciaba su segunda campaña en A Coruña, tuvo que retirarse de la práctica. Se le diagnosticó una lumbociática, motivada por una hernia discal entre la cuarta y la quinta vértebra.

Pese a la gravedad, los servicios médicos del club terminaron por rechazar su intervención. Ramón Barral declaró que el paso por el quirófano se puede evitar «en el 85% de los casos». El neurocirujano Manuel García Fantini, uno de los médicos consultados por Lopo, aseguró el 10 de octubre a La Voz que él le había recomendado que se operase: «Sufre una afección motora, ha sido sometido a tratamiento y no se recuperó, y eso implica su intervención en un porcentaje casi absoluto de los casos».

El 14 de noviembre Lotina aseguró que el Deportivo se decantó por un tratamiento conservador en la hernia discal de su futbolista, porque «si se hubiera operado, es posible que no volviese a jugar al fútbol».

«Se ha dicho que la operación de Lopo implicaba dos meses de baja y que ahora ya estaría recuperado, pero quiero hacer una aclaración -precisó entonces el entrenador del cuadro coruñés-: No se le operó porque había un porcentaje elevado de posibilidades de que no volviese a jugar. Por eso se hizo el tratamiento que recomendaron los especialistas que consulté».

El defensa no pisó un terreno de juego hasta el 27 de enero del 2008, cuando reapareció frente al Valladolid, y reconoció que sufrió dolores. «Está claro que trabajar con un músculo que casi no existe conlleva que otras zonas se fuercen más y que haya riesgo de rotura fibrilar, pero creo que cualquier jugador ayudaría en la situación en que estamos, así que dentro de mis posibilidades y de lo que yo pueda hacer, adelante», explicó el propio Lopo, quien no se perdió un partido hasta el final de la Liga, aunque llegó a reconocer que jugaba «prácticamente con una sola pierna».

Su comportamiento rozó lo heroico, pues a la conclusión de los encuentros debía sumergirse en una bañera de hielo y, a continuación, ponerse en manos de los fisioterapeutas. «Cada vez estoy mejor física y moralmente. Va por buen camino, no se ha estancado y es una recuperación lenta pero segura. Lo peor ya pasó», aseguró el pasado 25 de abril, en la víspera de la visita del Barcelona.

Hasta que el pasado 30 se anunció su operación. «Lleva una bomba de relojería en la columna», afirmó aquel día Rafael Arriaza.