Toda una vida negando que se había dopado para terminar reconociéndolo en una carta familiar. Así se escribe el epitafio deportivo de Marion Jones, otro mito del atletismo que se derrumba por haber ingerido sustancias prohibidas. La que fue hasta el jueves considerada reina de Sídney, en donde obtuvo cinco medallas, reconoció mediante una misiva dirigida a sus parientes y amigos y publicada en la edición del Washington Post que había tomado el esteroide sintético THG entre los años 1999 y 2001, antes y después de los Juegos Olímpicos australianos.
Con su inculpación, que también según la misiva consta en un juzgado de Nueva York, Marion se somete a una posible pena de seis meses de cárcel por haber mentido al gran jurado federal que le interrogó en el juicio del caso Balco en el año 2003. La Federación Internacional de Atletismo y el Comité Olímpico Internacional están a la espera del veredicto de la Usada (la agencia americana contra el dopaje) para desposeerla de todas las medallas conquistadas en ese período.
Marion Jones está en el ojo del huracán del dopaje desde hace mucho tiempo. Concretamente desde que estalló el caso Balco y Víctor Conte, su gerente, le había acusado directamente, igual que su ex entrenador y ex marido CJ Hunter. Pero el mito del atletismo femenino siempre lo había negado con fiereza, incluso en su libro La Vida en el carril rápido . «He sido siempre inequívoca en mi opinión. Estoy contra las drogas, nunca las tomé ni nunca las tomaré», llegó a escribir, pero era mentira según ella misma reconoce ahora.
En la carta a la que tuvo acceso el periódico estadounidense Marion Jones admite que había tomado un esteroide sintético llamado the clear (el claro) antes de viajar a Sídney. Trevor Graham, entonces su entrenador, fue el encargado de suministrarle un producto que según el mismo informe se obtenía del aceite de linaza. Nada más lejos de la realidad, ya que el esteirode THG ha sido desarrollado por los laboratorios Balco de San Francisco. En aquel momento, y hasta hace poco, se trataba de una sustancia indetectable en los controles antidopaje.
En su carta Marion Jones asegura haberse declarado culpable ante un juzgado de New York de dos cargos por haber mentido a los agentes federales sobre el uso de las drogas y otro sobre un asunto financiero en donde estaba involucrado Tim Montgomery, el padre de su hijo y otro de los grandes nombres salpicados por el dopaje. Ben Johnson, Linford Cristie, Justin Gatlin y Kelly White ya habían caído antes.
Como lo hicieron, con penas de prisión, cinco personas relacionas con los laboratorios Balco. Marion Jones podría ser la sexta. La cárcel se convertiría así en el destino final de la velocista más laureada, con once medallas en Juegos y Mundiales, de toda la historia. Consciente del derrumbamiento del mito, Marion pide perdón en la misma carta. Era lo mínimo después de hacer trampas.