«En el Museo do Mar tratamos de eliminar las barreras mentales»

María Cuadrado Fernández
maría cuadrado VIVEIRO / LA VOZ

A CORUÑA

María de los Ángeles Miguélez Martínez demuestra que ser ciega no le impide desarrollar su trabajo como vigilante guía

06 sep 2011 . Actualizado a las 09:29 h.

María de los Ángeles Miguélez Martínez (Lugo, 1972) demuestra que ser ciega no le impide desarrollar su trabajo como vigilante guía en el Museo do Mar de San Cibrao (Cervo). Descubre a los visitantes los secretos y las reliquias que guardan el mar y sus oficios, y cada día que pasa está más convencida del acierto de presentarse a esta convocatoria laboral: «He participado en seminarios y en otras actividades formativas relacionadas con los museos, pero realmente esta es mi primera experiencia en el mundo laboral». Miguélez que, a pesar de perder la vista a los 16 años a consecuencia de un tumor cerebral, continuó sus estudios de bachillerato y COU en el IES Virxe dos Ollos Grandes de Lugo, derrocha simpatía y es un ejemplo de superación.

-¿Cuándo comenzó a trabajar en el Museo do Mar?

-Firmé el contrato el 9 de mayo y estaré trabajando hasta el 9 de noviembre. Es un contrato del plan Lugo Emprega. La Diputación y la gerencia de la red museística se están esforzando en integrar a las personas con discapacidad. Porque ese es el paso final, integrar a las personas.

-Cursa estudios de Derecho ¿por qué decidió presentarse para este empleo?

-Me falta una asignatura para concluir Derecho, una carrera que estudié en A Coruña y que continué en la UNED de Lugo. Decidí estudiar Derecho porque me parecía una carrera con salida laboral y me gusta lo que guarda relación con el derecho civil. Pero desde siempre he tenido vocación docente. He dado clases particulares a gente de mi entorno y sé que se me da bien transmitir conocimientos. Y aquí en el museo, la labor de guiar a las personas, comentar las piezas, invitarles a que descubran cosas... es un trabajo que me está encantando.

-¿Qué visitantes se sorprenden más con el museo?

-A los niños les encanta. Ver el timón o la bitácora les sorprende mucho, ver los animales disecados, la boca del tiburón, la sala de las ballenas... Y a la gente mayor también le encanta ver cómo era la vida antiguamente, descubrir cómo se trabajaba en la ballenera de Morás... Eso también les gusta.

-Afirman que es el museo más accesible de Galicia...

-A primera vista puedes pensar «¡Qué color más bonito tienen las paredes!». Se buscó ese color para que las personas que tienen una discapacidad visual, que no son ciegas total, tuvieran contraste suficiente. Además, es un museo donde encuentras mucha información en braille. Se hizo un gran esfuerzo para construir una rampa para las personas que se mueven en sillas de ruedas y al mismo tiempo para no estropear el entorno, ya que la rampa es de madera y está en la parte de atrás del edificio. También hay un baño adaptado. Se han eliminado barreras arquitectónicas, sensoriales y es un centro adaptado para personas con discapacidad psíquica, para que disfruten del museo los niños con autismo. Creo que ahora, también conmigo, tratamos de eliminar las barreras mentales, de demostrar que una persona con discapacidad puede ocupar un puesto de trabajo.

-¿Percibe que existen todavía barreras mentales?

-Si. Se nota más en las personas mayores, porque los niños comprenden todo con más rapidez. De todas formas, no he tenido problemas. Como aquí me muevo sin bastón, mucha gente no se da cuenta de que no veo. Y si tengo algún problema, la gente y mis compañeros me ayudan.

-Cuando acabe el contrato ¿qué previsiones tiene?

-Seguiré con mis cosas. También estoy matriculada en la escuela de idiomas en Lugo.