Tensión en el desmantelamiento del campamento 15-M de A Coruña
17 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«¡Ahora que lloramos porque no hemos conseguido nada, venís aquí solo por el morbo y la carnaza! ¡Pues ya lo tenéis! ¡Nos vamos, espero que seáis felices!». Así, a voz en grito, se dirigía uno de los indignados a los periodistas y viandantes que observaban los primeros minutos del desmantelamiento de la Acampada Coruña.
Poco después, uno de sus compañeros, el mismo que amenazó a un joven que lo miraba con una sonrisa, cogió un cartón de vino, rociándolo despectivamente a los presentes. Por un momento, la tensión se elevó hasta el punto de rebotar los reproches. «¡Esto es una vergüenza! ¡Solo habéis atraído a borrachos y drogadictos! ¡Os teníais que haber ido hace mucho!», les replicaba una mujer.
Al final, tras media hora de reproches, los ánimos se calmaron y la sangre no llegó al río. Pero, entre algunos de los que pusieron los cimientos de la Acampada Coruña aquella noche del 16 de mayo se podían ver claramente rostros resignados. También, una vez apagada la grabadora, escuchar de sus bocas palabras que indicaban que las cosas no deberían nunca haber terminado así. «Esto debería terminar como empezó, pero hay quien se ha encargado de fastidiarlo», decía uno.
De hecho, alarmada por la situación, una de las portavoces oficiales del campamento, Lara Esperante, acudió a la zona. «Sentimos que alguien haya arrojado vino a la gente -?decía nada más llegar-, porque es una falta de respeto enorme. Desde la acampada queremos pedir perdón porque esa no es forma de tratar a nadie».
Esa portavoz, que paradójicamente agradeció a los medios de comunicación su trabajo («ha sido muy importante, sin la cobertura de los medios la mayoría de la gente no hubiera estado aquí», aseguró), confirmó «un levantamiento completo de la acampada». Ello incluía los grandes toldos, pero también las tiendas de campaña instaladas al lado, en las zonas ajardinadas. «Si alguna persona se quiere quedar, lo hace a título personal, pero no como 15-M», puntualizó.
A última hora de la tarde permanecían varias de esas tiendas. De hecho, un grupo autodenominado Plataforma Sin Techo, integrando por personas sin hogar, sostiene que seguirá en la zona hasta que no se solucione su situación. «Me parece bien que me venga una persona y nos diga que nos vayamos -?comentaba Juan El Vasco, uno de ellos-. Yo lo haré cuando me den un trabajo con un sueldo base y un techo, cuando tenga una cocina para poder cocinar y una ducha para poder lavarme después de trabajar. Eso es lo único que pido. No pido nada más».
Camiones de basura
Un vistazo a la zona recordaba a los preparativos de la noche de San Juan. Allí se tuvo que desplazar un camión de basura para recoger las montañas de palés, muebles, pancartas y todo tipo de objetos que se crearon con el desmontaje.
A partir de ahora se abre el debate sobre la conveniencia de instalar en el Obelisco un punto de información o continuar con la experiencia del punto móvil que estos días ha funcionado en la Cubela y en el Agra del Orzán. «Es algo que vamos a discutir entre hoy y mañana, De hecho estaba prevista una asamblea para tratar ese punto, pero no se celebró», indicaba la portavoz.
De cualquier modo, los indignados insisten que su acción continuará con grupos de trabajo. Entre otros existen células dedicadas a los desahucios, las próximas elecciones generales o las formas de democracia directa a través de referendos. También está Foro 15-M de la Facultad de Derecho.