Con la manifestación del jueves en mente, el sector analiza su situación en un clima en el que los letreros de «Se alquila» conviven con algunas nuevas aperturas. Esperan que la situación mejore en el 2011
21 nov 2010 . Actualizado a las 10:49 h.«La gente no se da cuenta de que si se viene abajo el pequeño comercio A Coruña dejará de ser A Coruña». Lo dice José Salgado, presidente de la asociación de comerciantes Distrito Os Mallos y enérgico batallador del comercio de toda la vida. La principal calle de su zona, la avenida de los Mallos, resiste como puede el embate de la crisis. Junto a varios vacíos, seis de sus locales cuelgan el letrero de Se alquila y otro más anuncia una liquidación ante su cierre inminente. La debacle la salvan las nuevas aperturas, propiciadas por rebajas de los alquileres.
Si hace tres o cuatro años un local para una tienda de ropa de tamaño pequeño en la avenida podría costar unos 600 euros de alquiler, hoy se consiguen por 400. «La gente tiene locales vacíos durante años, pagan el IBI y no tienen beneficios. En ese caso mejor es bajarlo», apunta Salgado, que a su vez advierte de una realidad que late en el barrio: «Muchos locales siguen abiertos para que sus dueños puedan tener una pensión digna. En algunos casos se trata de matrimonios en los que solo el hombre pagó autónomos y prefieren trabajar unos años más para que les suba la pensión». Ello se traduce en algunos locales anticuados, cuya fachada transmite más la idea de resistencia que la de crecimiento.
La resistencia también es la actitud de una buena parte del comercio de la calle Barcelona. Algunos no lo consiguen: en estos momentos dos negocios anuncian que están en liquidación por cierre y traspaso. Junto a ellos se encuentran varios Se alquila, pero con una precisión: el paisaje empieza en el tramo final de la calle, ya pasada Villa de Negreira, la llamada prolongación de la calle Barcelona. Y allí nunca hubo una gran vida comercial, tal y como se encargan de recordar algunos veteranos de la zona.
Desde 1975 lleva Francisco Javier Lagoa al frente de la joyería Deoro. En el clima actual dice que tanto él como su socio son «privilegiados», ya que tienen instalado su negocio en una de las mejores calles de la ciudad. Pero eso no es impedimento para que denuncie un trato de favor hacia los centros comerciales por parte del Ayuntamiento. Pone un ejemplo llamativo: «¿Existe algún bus urbano que ponga en su letrero calle Barcelona o calle Real? Pues sí que los hay que ponen nombres de centros comerciales. ¿Por qué ellos tienen esa publicidad gratuita y nosotros no?».
Otro punto de vista: «Si en una calle peatonal como esta se permite que circulen coches a sus anchas y no la dotas de aparcamiento, ¿qué le estás diciendo a la gente?».
Diferente es el caso de Gómez Zamalloa. Ni se encuentra en un barrio como los Mallos ni tampoco es un vial clásico como la calle Barcelona. Las lunas sucias se alternan con los carteles de las inmobiliarias y transmiten la tristeza de un comercio que no acaba de despegar. «Abren locales y cierran muy rápido», asegura Luisa Villamarín, una valiente que decidió desafiar la crisis haciendo algo cada vez más raro: abrir un negocio. Fue hace un año y, aunque «estamos un poco por debajo de las previsiones que teníamos», ha vendido lo suficiente como para subsistir.
«Esta es una calle que queda un poco escondida, pero nosotros hemos apostado por un tipo de ropa complementaria a la que se puede comprar en otros sitios», explica Luisa, que aun así ve el momento del comercio actual como «malo y preocupante». Como la mayoría de sus compañeros de gremio está cansada del trato de favor que se le da a los centros comerciales y piensa que las licencias para construir en la ciudad «han sido excesivas», hasta el punto de que aventura «que alguno va a tener que cerrar».
El próximo jueves Luisa irá a la manifestación «casi seguro». Francisco Lagoa incluso cerrará a las seis y media como señal de protesta. Y José Salgado se pondrá tras la pancarta defendiendo a sus representados. Todos desean dejar constancia de su descontento, esperando que la ciudadanía los respalde para que, como opina Salgado, A Coruña siga siendo A Coruña.