Acaban de sacar su primer y esperado disco, que viene a reafirmar que, por algún misterioso motivo, en A Coruña se da especialmente bien el rock progresivo
07 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Se trata de un estilo complejo, lo que ha convertido al rock progresivo en un plato del gusto de minorías selectas. Pero por algún motivo en A Coruña siempre ha gozado de una aceptación, si no masiva, sí llamativamente abundante. Todavía permanecen en la memoria de los aficionados los conciertos de Kozmic Muffin en los que se reunía ante sus largos desarrollos instrumentales un público del que no gozaban otros grupos más, digamos, directos. Pues la parroquia progresiva de la ciudad está de enhorabuena. Han tardado cuatro años en tenerlo entre sus manos pero, finalmente, ve la luz Dance of the goodbyes, el esperado disco debut del grupo Amoeba Split. Un disco al que ya se le conoce como «el Dark side of the moon coruñés», en referencia al mítico álbum de Pink Floyd.
Las elaboradas composiciones y sus posteriores mezclas, sumadas a la dispersión geográfica de la banda coruñesa han motivado esta demora: «Lo empezamos a grabar en el 2006, pero por culpa de nuestras obligaciones profesionales podíamos pasarnos 15 días sin ir a mezclar. Además, esto lo hacemos por puro gusto, así que no teníamos ninguna prisa. A la vista está», explica Alberto Villarroya, bajo, guitarra y compositor del grupo, cuya formación completan Ricardo Castro en las teclas del Hammond, mellotron y mini-moog; Fernando Lamas a la batería; Pablo Añón en los saxos y la flautista y cantante María Toro.
Amoeba Split son veteranos de los sonidos psicodélicos. Salieron en cierto modo de las cenizas de Rama Lama, cuando estos se dividieron «porque unos tirábamos al progresivo y otros al rock setentero», cuenta Ricardo. Para definir su música habría que referirse a grupos como Soft Machine o Caravan, «sonido Canterbury, que es como se bautizó a aquellas bandas que mezclaron el jazz con el rock progresivo en los setenta», apunta Alberto. Una música cuya complejidad requiere de un dominio del instrumento destacable. No en vano en el grupo militan tres músicos profesionales: «Alberto y Ricardo viven de sus trabajos normales. Y los otros tres, pues sobrevivimos de la música», destaca irónico el batería.
A pesar de este nivel de profesionalidad, admiten que tocar este tipo de música no da de comer: «Esto es un reto artístico y lo hacemos por pura satisfacción personal. No es un producto comercial, no existe un mercado para este tipo de productos, al menos no en España. Pero es que desde una perspectiva artística compensa enormemente», cuenta Alberto. Ese reto personal fue lo que les llevó no solo a autoeditarse el disco, sino también a ocuparse literalmente de todo el proceso: «Lo hemos grabado, mezclado, producido, arreglado todo nosotros. ¡Hicimos hasta el libreto!», cuentan satisfechos.
Sin ánimo de lucro
El amor al arte de Amoeba Split se deja ver también en el copyright del disco. O, mejor dicho, en la ausencia del mismo: «Lo editamos por Creative Commons, no por la SGAE. Es decir, que el oyente puede utilizarlo, copiarlo, pero no hacer negocio con él. Es nuestra filosofía, hacer un producto artístico de calidad porque sí, sin pensar en el dinero. Aunque no estaría mal recuperar la inversión», explica Ricardo entre risas. Y es que ya se espera su segundo trabajo. La distribuidora francesa Musea se encarga de mover el disco por toda Europa -por cierto que ya han vendido algunos en Alemania, Francia, EE.UU., Canadá o Perú-, y ya se han comprometido a hacerlo también con el próximo, que esperemos que no tarden en grabar otros cuatro años: «Supongo que algo habremos aprendido con el primero, así que espero evitar errores pasados y tardar menos en sacarlo», apuesta Alberto.