Uno de los cachorros que fueron arrojados a un gánguil en el puerto falleció debido a la desnutrición. Su hermano sobrevive
09 sep 2010 . Actualizado a las 19:17 h.Ni siquiera le dio tiempo a tener nombre. Ha sido un triste final para una historia de crueldad con los animales que gozó de un interludio feliz gracias a la sensibilidad de la tripulación del barco Plateras . Los trabajadores de este gánguil, que trabaja en el puerto exterior rellenando el fondo marítimo con material de escombro, se sobresaltaron el pasado lunes por los ruidos de animales en la embarcación. Al principio pensaron en ratas, pero pronto comprobaron que eran dos cachorros que alguien había arrojado dentro del barco como desalmada manera de deshacerse de los pequeños animales. Incluso tuvieron que rescatar del mar al de mayor tamaño, que en sus paseos por el barco se precipitó al líquido elemento. Sin embargo, su capacidad de adaptación también venció al océano. Es el superviviente. Su hermano, más pequeño en tamaño debido a la desnutrición a la que estuvo sometido, murió ayer debido a la mala vida que tuvo que soportar en sus escasos días de existencia.
Ni siquiera los esfuerzos de la asociación protectora de animales Gatocan, que llevó al cachorro a un veterinario para salvar su vida, consiguieron que el cachorro se recuperara. «Le pusimos suero y estuvo en una incubadora, pero ya venía muy mal», señala Beatriz Martín, responsable de Gatocan. El hermano que se ha salvado goza de buena salud, y la protectora le está buscando un hogar. «Me llamó ayer una persona, pero cuando le dije que no era de raza tekel ya no lo quiso», explica. De raza o mestizo, Drago -así bautizado en honor a las dragas que trabajan en el mar- puede acabar en casa de aquel que esté interesado llamando al teléfono 639129683 o entrando en la página de Internet www.gatocan.com. Drago asegura agradecimiento eterno y una salud a prueba de abandonos y caídas al mar.