Las facturas le caen a un muerto

Toni Silva A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Una mujer denuncia ante la Policía Nacional la usurpación del nombre de su padre, ya fallecido, en contratos de telefonía cuyos importes superan los 300 euros

29 jun 2010 . Actualizado a las 21:51 h.

Hay correo comercial que es capaz de provocar nostalgia y evocar dolorosos recuerdos. Sucede cuando al buzón de un familiar recién fallecido continúan llegando cartas a su nombre. Ese segundo duelo lo acaba de vivir Teresa Morales, que acudía regularmente a casa de su padre, fallecido en diciembre del 2009, para recoger el correo. Pero con una de las cartas de una compañía de telefonía se percató de que alguien intentaba prolongar la vida de su padre para beneficiarse. Alguien estaba usurpando el nombre de su progenitor para evitar pagar la factura del teléfono. «¿Cómo se explica que mi padre hubiera firmado un contrato con Movistar en febrero del 2010 cuando murió en diciembre del 2009?», se pregunta Teresa, funcionaria en el Concello de Betanzos. Optó entonces por buscar en Internet alguna referencia al teléfono que vinculaban con su padre. En pocos segundos Google le dio la respuesta y se quedó helada. «Era un teléfono de contactos», recuerda Teresa. Respondía a Patricia, «madurita insaciable y amante completa», que ofrece sus servicios las 24 horas del día y muestra dos fotografías de espalda de la titular en ropa interior. Ayer por la tarde el teléfono tenía restringidas temporalmente las llamadas entrantes, presuntamente después del acoso al que la ha sometido la propia Teresa y su entorno. Porque además de la usurpación del nombre de su padre, la compañía telefónica le reclamaba al fallecido algo más de trescientos euros por las llamadas de un mes. Pero el propio contrato recogía que los pagos se hacían en efectivo. Una vez aseguradas todas las cuentas del hombre fallecido y la familia, esta se topó con una segunda sorpresa. Esta vez se trataba de un número de teléfono fijo con prefijo de A Coruña y que acumulaba de nuevo a nombre de Alfredo Morales, el padre de Teresa, una factura de mediados de junio por valor de 206 euros. El desglose de dicha factura incluía llamadas a Brasil, Rumanía o Argentina y cargaba el importe a una cuenta corriente domiciliada en una sucursal de la calle Ramón del Cueto en A Coruña (el padre residía en la cercana escalinata de Adelaida Muro). «Pero no tenemos cuenta en ese banco, nadie nos ha robado pero estamos muy intranquilos porque no sabemos quién está detrás de todo esto», señala Teresa Morales. Así las cosas, no dudó en presentar las pertinentes denuncias ante la Policía Nacional por el uso fraudulento de los datos de su padre ya fallecido y que ha sido remitido al Juzgado de Instrucción número 4 de A Coruña. Paralelamente, la hija de Alfredo Morales ha intentado detener la situación con la propia compañía telefónica, que bloqueó al número fijo la posibilidad de realizar llamadas al extranjero y a móviles. En el 1004 le contestaron que se trataba de una «migración» de tarjeta a contrato. Teresa llegó incluso a llamar a ese número. «Me salió un chico, le dije que tenía una llamada perdida de ese número, luego le pregunté si él era el dueño de ese teléfono y le colgué», relata Morales. «Otro día me salió una señora con acento brasileño y se oían niños pequeños de fondo». Ahora confía en que la Policía Nacional dé con las personas que utilizan el nombre de su padre para ahorrarse el gasto de telefonía. Quizá una carta robada del buzón bastó para desarrollar toda la picaresca que ha vuelto a dar vida a Alfredo Morales, fallecido en diciembre del 2009 pero vivo en los directorios de una compañía de teléfonos.