El escultor sadense luce en el centro Atinne su primera exposición tras años de trabajo en su estudio de Mondego
A Rubén González le cuesta expresarse con palabras. Lo hace con frases cortas y largos espacios entre ellas. «Un rasgo de timidez», comentan sus amigos. Ello no es problema dentro de su estudio de Mondego (Sada), un pequeño habitáculo en el que emerge un mareante olor a disolvente, pintura y barniz. Ahí dentro mandan la maza y el cincel. «Yo hablo por mi obra. Eso siempre. No pretendo ser nadie, pero sí expresarme en el sentido más amplio de la palabra».
Todo empezó en el 2001. «Hice un curso de cantería y luego me enganché a la escuela de arte Pablo Picasso», recuerda González, que cuando se le pregunta el por qué de su actividad no logra encontrar la respuesta. «No sé por qué lo hago. Lo que sé es que me encuentro bien haciéndolo. Yo tengo mi taller desde hace cuatro años y soy autónomo. Estoy abierto a todo. Trabajo por encargos, si me los plantean. Pero mi idea va en la línea de hacer piezas únicas y exclusivas. Es decir, crear un estilo diferenciado».
Pese a los años, González asegura que «aún se está definiendo», y que en su obra se pueden encontrar múltiples referencias artísticas: «Desde las civilizaciones prehistóricas o el arte africano, hasta el contemporáneo. No estoy para nada cerrado a un estilo en concreto». En su estudio abunda la temática de la maternidad: desde las abruptas y primitivas a otras mucho más estilizadas, que emulan a las del suizo Umberto Giacometti.
Además de la escultura, otra de sus pasiones son los lienzos. «Sí, aunque yo soy más escultor que pintor -puntualiza-, también pinto. Ahí muestro mi faceta más íntima y creo que logro un lenguaje más fresco y fuerte». Tanto las figuras como los cuadros permanecían ocultos al público hasta que los empezó a mostrar recientemente. En varios locales de hostelería de Sada primero y, luego, en su primera exposición seria, en el centro de formación Atinne.
«Lo que te ofrecen por ahí no es muy atractivo», explica sobre su dejadez a la hora de sacar su arte a la luz pública. «Yo decidí exponer aquí porque me dejaron un espacio bonito. En estos momentos, estoy mirando otro sitio que me guste a mí. Pero, eso sí, prefiero no exponer a exponer mal», asegura.
Rubén González también se dedica a la música. «Soy gaiteiro de toda la vida y doy clases en la escuela de danza tradicional Queiroga», comenta. Tiene otro polo: «El grupo de rock Los Santos, que son unos amigos míos que están como cabras, me liaron para que toque con ellos. Yo nunca toqué el bajo, pero como tengo esa facilidad para la música, me voy a unir».
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