La adjudicación provisional de la descontaminación del suelo de la vieja fábrica es solo la primera fase de un plan para una zona que pide a gritos rehabilitarse
20 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El miércoles se puso fin a más de 15 de años de espera para la vieja fábrica de la Cros, donde apenas resisten sus estructuras, y la suciedad y los escombros se acumulan por el suelo. Pero el plan de rehabilitación todavía no es redondo. Se trata de una primera fase que se centrará en los trabajos de descontaminación y consolidación de las viejas estructuras industriales de la antigua fábrica de la Cros, ubicada en O Burgo. Uno de los proyectos que ha obsesionado los últimos años al alcalde, Julio Sacristán.
Acercarse a estas viejas instalaciones industriales es como adentrarse en territorio comanche. Se puede apreciar el estado de gran deterioro de esta construcción que data de los años 40 y que cuenta con el pedigrí del patrimonio industrial gallego. Paredes, columnas y suelos están completamente desconchados. La tierra, los escombros del suelo y algunas zonas de las paredes todavía conservan cierto color rojizo y amarillento producto de la contaminación acumulada durante cuarenta años.
Progreso urbanístico
La Cros fue durante muchos años el gran referente industrial de Culleredo, junto a lo que se conoce como Bunge, hoy en día también en proceso de cerrar sus puertas. Dos de las empresas que seguramente más han contribuido a la contaminación de la ría de O Burgo, aunque por lo que se está viendo, tampoco las únicas.
La sirena que sonaba en la Cros cada cambio de turno marcó los tiempos de los vecinos de O Burgo y alrededores durante muchas décadas. Tras su cierre en los años ochenta, en plena fiebre del ladrillo, todo parecía indicar que estas estructuras serían demolidas y los más de 150.000 metros cuadrados de terreno que ocupaba se rendiría al al progreso urbanístico.
Pero los promotores no contaban con la contaminación del suelo, donde siguen plantadas las estructuras desnudas de las antiguas instalaciones, que a día de hoy acumulan sustratos con restos de hidrocarburos de los años de actividad industrial. En ese momento, Sacristán permitió urbanizar alrededor de la Cros y comenzó a articular el proyecto de reconvertir los edificios de la vieja fábrica en un complejo cultural, sin renunciar a la estética industrial.
La mesa de contratación del Concello de Culleredo dejó esta semana en manos de Dragados la descontaminación y consolidación de los edificios. Esta primera fase ya tiene precio, 2.519.510,83 euros, de los 22 millones que rodaría el proyecto total, y el inicio de los trabajos serán «en apenas un mes», anunciaron desde el Concello.
Julio Sacristán ha involucrado a la Xunta y a la Unión Europea, a través de los fondos Feder, en el proyecto de convertir estas antiguas naves en un complejo cultural con diseño avanzado, que incluirá un restaurante, una biblioteca de cinco plantas y un auditorio que tendrá capacidad para 355 espectadores.