14 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.
Hay un Orzán dulce, producto de las rehabilitaciones y del empuje de emprendedores anónimos que han llegado al barrio sin paracaídas. Y está el Orzán oscuro, el de las ruinas urbanísticas y el de las ruinas humanas. La semana pasada, una delegación municipal visitó el primero. Lógico que presuman de lo hecho. Pero a pocos metros estaba lo que queda por hacer. La Voz muestra hoy que hay tajo en el Orzán para rato.