Cinco personas viven entre kilos de basura en un edificio, que el Ayuntamiento estudia declarar ruina
Cinco personas, cuatro hombres y una mujer de entre 27 y 40 años de edad y de varias nacionalidades, viven entre varios kilos de basura en un inmueble en estado ruinoso ubicado en la avenida de Finisterre, frente a la iglesia de Santa Margarita y tan solo separado por unos metros de la valla del parque. En ese mismo edificio apareció muerta el pasado viernes en extrañas circunstancias una sexta persona, una coruñesa de 49 años.
Varios vecinos mostraron su indignación por la situación en que están viviendo estas personas. «Algunos llevan metidos en ese basurero más de tres años. Se trata de gente muy enferma, deteriorada físicamente y con peligrosas adicciones», indicaron.
«Se drogan ante la vista de niños que juegan en el parque», lamentaba otro de los residentes de la zona. Y es que una de las fachadas de este inmueble en ruinas mira hacia el parque y su acceso, un patio abierto totalmente lleno de basura, está separado de la valla del recinto por una estrecha franja de terreno por la cual los residentes en el inmueble habilitaron un camino. La proximidad es tal que incluso estos residentes acceden desde el parque a su casa por dos huecos practicados en la valla del recinto tirando para ello varios metros de balaustrada.
El edificio no cuenta con ningún tipo de servicio, ni agua ni luz: «La propietaria nos dejó meternos dentro con la condición de que no enganchásemos la luz», cuenta Miguel, un vasco de 38 años que vive en la casa. Los cinco moradores se suelen asear en las fuentes del parque.
Pero la verdadera artífice de la creación de esta comunidad de vecinos fue Salud, una lucense de 40 años, que junto con su compañero sentimental Ángel, de la misma edad y de Malpica, llegó hace tres años «con la autorización de la propietaria, una mujer que vive por aquí cerca». Ni ella ni sus compañeros tienen algún tipo de ingreso. «Vamos a comer a la Cocina Económica, la asociación Casco también nos ayuda, y por la tarde vienen las Hermanas de la Caridad al parque y nos dan bocadillos», cuenta Miguel.
Ellos están dispuestos a abandonar el edificio, «pero el Ayuntamiento nos tiene que buscar algún sitio a donde ir», dice Salud, que reconoce tener miedo de que tiren la casa con ellos dentro: «Nos avisarán ¿verdad?».
Los responsables del área de Urbanismo conocen la situación del inmueble. De hecho, ya vallaron la fachada del edificio. Desde el Ayuntamiento no descartan que el edificio denunciado sea declarado en ruinas y se proceda a su derribo.
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