Crónicas de un enfermero coruñés desde Puerto Príncipe

A. Salgado

A CORUÑA

Ángel Salgado dejó el Materno hace 20 días para echar una mano en Haití. Desde allí escribe para que no se olvide la tragedia

20 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Envío noticias precisamente hoy (por el 12 de febrero), cuando se cumplen dos semanas que salimos de casa, hoy que se cumple un mes de aquella tristísima tarde en que la tierra tembló sepultando un número altísimo de personas. Quizás nunca se pueda saber cuántas han fallecido.

En cualquier lugar del país se puede ver destrucción por todas partes, especialmente en la capital Puerto Príncipe el panorama es desolador: está prácticamente hecha un amasijo de hierros y bloques de cemento y la gente por la calle va tapándose la boca con pañuelos o mascarillas por el olor nauseabundo que despiden los escombros con muchos cadáveres en descomposición.

Las oenegés dan comida, agua y pagan a la gente que limpia y desescombra la ciudad, tarea que parece imposible porque es muchísimo lo que se ha destruido. Nosotros hemos montado una clínica en el campus de la universidad adventista, que contiene un campo de refugiados con cerca de 15.000 personas; a un lado está el hospital abarrotado de pacientes, el jardín que lo rodea también está lleno de tiendas de campaña que hacen de habitaciones improvisadas donde están los enfermos menos graves y amputados que tienen que seguir siendo controlados.

La gente aquí se refiere al terremoto diciendo aquello. N o se atreven a mencionarlo, les da pánico el solo pensamiento de aquellos momentos en que sus padres, hijos, amigos o vecinos quedaron sepultados, y ellos mismos, pero con mejor suerte. Cuando escribo esta carta, se está realizando en este campus un acto multiconfesional, donde todas las religiones se unen para pedir ayuda a Dios, y darle gracias por estar vivos, y porque las naciones y organizaciones se volcaron con ellos. Alguien acaba de decir: «Nuestros ojos están secos y nuestras almohadas empapadas de tanto llorar, pero te damos gracias, Señor porque nos has guardado la vida».

Hace dos noches comenzó a llover bien fuerte, a las 4.30 de la madrugada, y se me rompió el corazón al pensar en la pobre gente que dormía al raso, sin más techo que el cielo por miedo a que otro seísmo pudiera sepultarlos debajo de su ya muy maltrecha casa.

Hace unos días recibí un mensaje del doctor García Alonso, del Materno Infantil, que me informaba que un amigo suyo quería donar prótesis o dinero para ellas. Aquí las necesidades son todas. En el hospital me dijeron si podría conseguir un portátil de rayos X y una procesadora.

Envío algunas fotos, creo que publicar algo sería de utilidad para esta gente, que ya está dejando de ser noticia y pronto quedará en el olvido.