La polémica planetaria desatada con la entrega del Nobel de la Paz a Obama tuvo ayer un pequeño sucedáneo en el Parlamento gallego, donde el diputado popular Pedro Puy Fraga fue reconocido por los periodistas como el mejor diputado del año, pese a ser un auténtico novato en el hemiciclo. «Creo que me chegou un pouco antes de tempo», admitió el sobrino del ex presidente Manuel Fraga, quien dijo tomarse su reconocimiento de forma «preventiva» y, a tal efecto, prometió no declararle nunca la guerra a los profesionales de la comunicación.
Puy y el nacionalista Suárez Canal le pusieron el rostro al éxito en la entrega de los premios Tribuna do Hórreo, que conceden los periodistas parlamentarios. En favor del primero pesó el importante trabajo que desarrolla entre bambalinas, en asuntos como la reforma de la ley de cajas, mientras que el segundo fue reconocido por la capacidad demostrada en su extensa carrera política.
Aunque estos galardones están concebidos con grandes dosis humorísticas, lo cierto es que nunca llueve a gusto de todos, y menos aún cuando los diputados se tienen que resignar a cederle la tribuna a terceros para que los escudriñen y puedan sacar a relucir sus vergüenzas. Ese es el peligro que tiene, por ejemplo, el diploma al «diputado residente ausente», que premia la inactividad, y que esta vez acabó irritando al ex presidente Pérez Touriño, quien no acudió a recibirlo.
En su grupo se negaron a recogerlo y el diputado Ismael Rego incluso tuvo una intervención ante el pleno para criticar la falta de «rigor institucional dalgúns actos» convocados en la Cámara. El grupo de periodistas decidió, ante la incomparecencia, subastar el diploma de Touriño en Internet.
Del Grupo Socialista también fue reconocida como el látigo del Gobierno la portavoz de Medio Rural, Sonia Verdes, quien compartió su diploma «cos gandeiros e gandeiras que están a pasar dificultades». Su compañero de escaño José Manuel Lage se llevó el premio al «minuto de oro», el conselleiro Agustín Hernández fue reconocido por sus progresos en la lengua gallega y el popular José Fervenza obtuvo el diploma a la iniciativa más peregrina por preguntar por las procesiones marítimas. Tras recibirlo, proclamó con guasa: «Con este título e unha cuarta máis de altura, comeríame o mundo».