Los relojes del Obelisco van por libre

A CORUÑA

Ninguno de los cuatro contadores de tiempo que culminan esta centenaria pieza ofrece la hora exacta, y además entre ellos hay diferencias de uno o dos minutos

14 dic 2009 . Actualizado a las 10:24 h.

A punto de cumplir los 115 años (lo hará el 10 de febrero del 2010), el Obelisco ya ha vuelto a sufrir uno de los achaques propios de su edad. Y es que, además de no dar la hora exacta, los cuatro relojes que culminan esta construcción realizada con piedra de Parga (Lugo) van cada uno por su cuenta, y solamente dos marcan los mismos minutos, mientras que los restantes van uno o dos por arriba.

Ayer mismo, cuando en el horario oficial eran las 12.25 horas, en los contadores de tiempo del Obelisco se anunciaban las 12.26, las 12.27 (dos coincidían) y las 12.28 horas. Los visitantes y trabajadores de esta zona apenas habían percibido estos fallos, «porque cuando miras para arriba, solo miras uno de los relojes, no los cuatro. Se ve que está fastidiado y habrá que llamar al relojero», apuntaba ayer uno de los taxistas de la parada situada junto al monumento centenario.

Esta falta de coordinación horaria no es nueva, ya que en varias ocasiones ha habido que sincronizar los cuatro relojes del Obelisco, uno de los cuales llegó incluso a acumular un retraso de media hora. Fue a principios de enero del 2002, cuando el Ayuntamiento decidió realizar un lifting a esta construcción, que se vistió con un traje de andamios varias semanas. Durante estos trabajos, el relojero oficial del Obelisco, Antonio González, aprovechó para poner en hora una de las esferas, que se había descoordinado debido al peso de las agujas de hierro, y que provocaron que se demorase 30 minutos. Este reloj no era el único que fallaba, ya que el resto tenían desfases de uno a tres minutos. Como ya explicaba entonces González, la culpa de estas descoordinaciones la tenía el tamaño de las manecillas, que provocaban que la hora se retrasara cuando tenían que subir, y que se adelantara cuando debían de bajar.

Esta maquinaria horaria comenzó a funcionar en 1895, cuando se inauguró este monumento en homenaje al alcalde Aurelio Linares Rivas, por el que se pagó 6.000 pesetas de las de antes de la guerra de Cuba.