En 1957, con 2 años, fue secuestrado en Méndez Núñez. Durante cuatro días, la ciudad y el país vivieron en vilo su desaparición. El lunes falleció en Valencia
15 may 2009 . Actualizado a las 15:34 h.En A Coruña, siempre será el niño Pepito Mendoza. El lunes falleció en Valencia, donde residía desde los 14 años, el protagonista del sonado secuestro. Sucedió en 1957, el 23 de septiembre, cuando el pequeño, que entonces tenía dos años y medio, fue raptado en plenos jardines de Méndez Núñez. Eran las seis y media de la tarde, jugaba con sus hermanos y en un descuido de la joven que lo cuidaba, desapareció.
El suceso conmocionó al país, que durante cuatro días vivió angustiado la extraña desaparición del chiquillo. Se pensó inicialmente en un fatal accidente y la primera medida, dado que se le perdió de vista en el Relleno, fue vaciar el estanque, entonces de aguas turbias, para comprobar que no se había ahogado.
Hijo del comandante de Infantería Luis Mendoza Goñi, su paradero y las razones de su rapto centraron aquellos días la actualidad no solo gallega, sino española e incluso internacional, descolocada por un episodio entonces inusitado y para el que no parecía haber explicación. Dos días después, el periodista Vicente Leirachá publicaba en La Voz las primeras claves: Pepito estaba vivo en manos de sus secuestradores, una pareja que lo había llevado a la calle Hércules, donde le habían comprado un jersey a rayas y le habían cortado el pelo al cero en una barbería.
Al día siguiente, jueves por la noche, casi acorralados por la policía, los secuestradores entregaron al pequeño bajo secreto de confesión al superior de los Jesuitas ante la iglesia de Santo Tomás. Eran las diez y diez.
La noticia de la entrega corre como la pólvora por la ciudad y los coruñeses se echan a la calle esa misma noche. La avenida de la Marina queda tomada por el gentío y se corta al tráfico. El padre del pequeño se vio obligado a mostrar al chiquillo desde el balcón de su casa, en el 34, para calmar a la concurrencia, que se volcó con la familia. El pequeño recibió una lluvia de regalos e incluso hizo el saque de honor de un partido de fútbol. Precisamente de esa intervención en el campo de Riazor era de lo único que, ya de adulto, se acordaba José Mendoza. Así se lo confesó hace seis años a Rubén Ventureira en un reportaje recordando el sorprendente suceso que terminó con la detención de una mujer desequilibrada, Sara Vázquez.
Maestra de escuela, fue localizada en Teruel. Se supo que había decidido raptar al chiquillo para justificar una mentira: había forzado a casarse a un sargento de Intendencia, Juan Rodríguez, asegurándole que durante el noviazgo había quedado embarazada y tenía un hijo suyo al cuidado de otra mujer para evitar habladurías.
Tiempo después se supo que el militar había exigido ver al crío y la mujer había llegado a bautizar e inscribir en el registro a otro pequeño, hijo de una vecina. Recién casados, reclamó la vuelta del niño, al que tenían pensado hacer pasar por sobrino. Entonces, Sara, que después se revelaría que padecía neurosis fóbica, raptó a Pepito Mendoza. Fueron juzgados al año siguiente. Ella fue condenada a tres años de prisión menor por sustracción de menores, cuatro meses de arresto por suposición de parto y otros cuatro por cada delito de falsedad por bautizar e inscribir al anterior crío que había intentando hacer pasar por su hijo a ojos del sargento.
En la misma entrevista del 2003, el propio José Mendoza valoraba las causas de su rapto: «Era una romántica y enloqueció por amor».