La labor de hacer un buen cocido

A CORUÑA

Son dos mujeres trabajadoras que tienen precisamente en estas fechas su época de mayor ajetreo con las innumerables laconadas que sirve Casa Cuba

09 mar 2009 . Actualizado a las 12:01 h.

En el restaurante Casa Cuba el día de la Mujer Trabajadora se celebra precisamente reivindicando esa condición. Es decir, currando. Y es que un domingo de marzo no es cualquier cosa para la cocina que dirige Nieves Moreira. Los lacones salen a pares por la puerta de la cocina con las abarrotadas mesas como destino: «Aquí las laconadas y los cocidos duran hasta Semana Santa. Es un no parar», afirma Cristina Fernández, hija de Nieves, que se encarga de que los grelos lleguen a tiempo a los comensales, junto al resto de las fuentes.

Es esta época que rodea al carnaval la de mayor carga de trabajo en Casa Cuba: «Terminas con las cenas de empresa de Navidad, te tomas dos semanas un poco más relajadas, y vuelta a empezar con el follón, hasta finales de marzo, sin parar», asegura Cristina. Y es que el cocido de este restaurante situado en Cuatro Caminos es, más que un plato, una institución: «Sí que viene gente de muchas partes a tomarlo por estas fechas», cuenta Nieves, artífice de este éxito. El secreto, según confiesa, no es más que una buena materia prima y el trabajo que tiene detrás: «Tiene mucho tiempo de cocción, más de dos horas, porque va la pieza de lacón entera. Además, hay que mantenerlo a remojo durante dos o tres días, cambiándole el agua... Tiene su trabajo». Aunque esta carga laboral parece no pesar: «De quejarse, nada ¡Déjalo, deja que haya trabajo! ¡Bienvenido sea!», exclama Cristina.

Pero, a pesar de su celebridad, no son los cocidos los únicos manjares que ofrece la carta de Casa Cuba. Los callos, la carne asada o el cordero del recetario heredado por Nieves reflejan décadas de tradición y perfeccionamiento: «Yo aprendí las recetas de mi madre, que era quien se ocupaba de la cocina. Y con el tiempo y la práctica le vas cogiendo el punto exacto a cada plato». Un sabroso legado que ha pasado de madre a hija, pero que Cristina se resiste a recoger: «Es que yo siempre estuve por fuera, atendiendo a los clientes. Además, para ponerme a probar, mejor lo hago en casa, donde si sale mal, estropeas la comida de dos personas, no de cincuenta».

De toda la vida

Casa Cuba es un clásico entre la restauración local. Su largo recorrido le ha ido permitiendo fidelizar nuevos clientes durante más de cuatro décadas. Son ya casi 45 años en Cuatro Caminos, aunque hace tres que se mudaron de local porque la propietaria del anterior vendió el edificio. El cambio no afectó a la clientela, ya que el nuevo emplazamiento dista apenas veinte metros del original: «Conservamos los de antes y vinieron unos cuantos más -dice sonriente Nieves-. Es que desde la avenida de Alfonso Molina se nos ve muy bien ahora», explica mientras recuerda los inicios: «Empezaron mis padres, como bar y ultramarinos, aunque se servían tapas y alguna comida. Era lo que se llevaba por esta zona, ese tipo de establecimientos más de vino y tapa. Pero no fue hasta los 90 cuando nos convertimos en un restaurante», recuerda Nieves, que desde el primer día ya anduvo entre las cazuelas. La oferta gastronómica ha sido siempre la misma: «Cocina de toda la vida, casera. Las recetas de la abuela, vamos», define la cocinera.

Cristina ha crecido echando manos en el restaurante, aunque su futuro parecía dirigirse en un principio hacia la enseñanza: «Estudié Magisterio y me licencié en Historia, pero no encontré salida profesional. Así que terminé en el negocio familiar»; algo que también ocurrió con sus dos hermanos, Carlos y Andrés.

Son todos ellos parte de la historia de la hostelería coruñesa. Una historia que ya tiene en los dos hijos de Cristina quién la recoja: «Es pronto todavía para hablar de eso, que solo tienen 7 y 9 años», advierte.