Al café le rompieron los cristales para hacerse con el dinero de la tragaperras por segunda vez en 48 horas
Los delitos de robo que, en días recientes, se manifestaron en la zona centro de la ciudad y en el barrio del Agra del Orzán se desplazaron ayer al barrio de Labañou. A primera hora de la mañana, un hombre con el rostro tapado, entró en la farmacia de la avenida de Labañou y, amenazando a su propietario y su ayudante con un cuchillo de cocina, se hizo con parte del dinero que en ese momento tenían en la caja y se dio a la fuga. El botín apenas llegó a 175 euros.
«Ocurrió a las 9.45, cuando acabábamos de abrir -explicaba Miguel Mosteiro, el propietario-. Un hombre entró en la farmacia con un forro polar subido, cuando había dos personas». Sin embargo, la presencia de los clientes no intimidó al atracador que, desde fuera del mostrador, sacó un cuchillo de cocina «normal, de unos 10 centímetros de largo» y exigió que se le diese el dinero de las caja.
Al ver la situación, los dos clientes escaparon y, en la farmacia, se quedaron solos el propietario, su empleado y el atracador. El primero hizo ademán de pulsar el botón de alarma. «Me vio y se puso a gritar '¿Qué haces?' y vi que era mejor parar y le di algo de la caja, unos 175 euros». Al coincidir con la época de carnavales, Mosteiro reconoce que, por un momento, pensó que se trataba de una broma.
«En 50 años que lleva aquí nunca hubo ningún atraco ni nada», comentaba una de sus clientas, mientras se interesaba sobre lo que había sucedido. «Esto se está poniendo muy mal, con la crisis cada vez hay más cosas de estas», añadía. Se refería, además de lo ocurrido en la farmacia, a un incidente que tuvo lugar unas horas antes.
Se trata del ocurrido en el café bar O Barrazal, situado en la esquina entre calle Alcalde Abad Conde y la avenida Gran Canaria. Allí, unos cacos rompieron el cristal por segunda vez consecutiva en menos de 48 horas: «Nos entraron en el local de noche. El domingo me rompieron el cristal y me llevaron la recaudación de la máquina tragaperras y hoy, como se puede ver, me repitieron la jugada», decía la dueña del bar, Amadora Álvarez, con gesto resignado.
Según explicaron varios vecinos, el ruido se escuchó a las cinco en la madrugada del domingo. La del martes, ocurrió un poco más temprano, sobre las cuatro y media. En esa ocasión se pudo ver a los autores echándose a correr: «Vieron a tres y eran chicos jóvenes». Sobre el dinero, la hostelera dice que, al tratarse de la tragaperras, no puede calcular cuál fue el botín. Mientras los técnicos arreglaban la máquina forzada, comentaban que este tipo de delitos están subiendo.
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