Una vida sobre ruedas

A CORUÑA

Arturo Cachaza cogió las riendas del negocio de bicicletas que su padre montó hace 75 años y se lo entregó a su hijo, que continúa al frente

16 feb 2009 . Actualizado a las 13:22 h.

Corrían los años 30, plena guerra civil y «solo coruñeses de la talla de Pedro Barrié de la Maza se podían permitir el lujo de tener coche». Fue entonces cuando el padre de Arturo decidió apostar por una tienda de bicicletas. En los años cincuenta, la pieza de dos ruedas se cotizaba a cien pesetas, pero no había dinero y la familia Cachaza daba facilidades a los usuarios de este medio de transporte, que por aquel entonces eran trabajadores, para comprar una bicicleta a plazos de una o dos pesetas. Años después Bicicletas Cachaza, tras pasar por locales del Puente Pasaje y Payo Gómez, se convertiría en uno de los negocios clásicos de la ciudad, tras más de seis décadas instalado en la plaza de Lugo. Hoy una bicicleta bien equipada alcanza los seis mil euros. Muchas cosas han cambiado, pero tanto en la posguerra de entonces como en situaciones de crisis como la actual, el andar en bici es un hobby al alcance de cualquier bolsillo.

Arturo tenía cinco años cuando se subió por primera vez a una bicicleta, y 72 años después continúa con el hábito. Quizás esta pasión por el ciclismo es la responsable de que no vea a corto plazo la fecha de la jubilación. La misma afición corre por la sangre de su hijo, Gustavo, que, hoy al frente del negocio, recuerda con nostalgia su infancia cuando «mi padre no me dejaba tocar las bicicletas». A sus 44 años reconoce que con un padre como Arturo la facilidad viene dada en todas las facetas de su vida, sobre todo la que les ocupa la mayor parte del día. El otro hijo de Arturo decidió seguir un camino independiente al negocio familiar, sin embargo, el crecer rodeados de tantas ruedas, le pudo a Gustavo para decidir su futuro. «Yo no les dije que tenían que dedicarse a esto, te tiene que gustar», explica Arturo, que sigue recorriendo Europa para ponerse al día de las novedades del sector.

Los lazos de sangre fluyen por las oficinas de este negocio. Padre e hijo, que basan el «buen rollo en el diálogo», reconocen que la familia se extiende a todos los trabajadores de Cachaza. «Llevan toda la vida con nosotros, a mí me han visto crecer», apunta Gustavo. Por su establecimiento de la plaza de Lugo, donde estuvo más de sesenta años, pasaron clientes con título como la condesa de Fenosa, o hijos de los altos cargos gallegos, como los de Manuel Fraga. Pero con la entrada del siglo XXI, el local se les quedó pequeño y se trasladaron al actual, ubicado en Médico Rodríguez número 15, que anteriormente utilizaban como almacén. Ahora, todavía un poco escépticos en vista de los tiempos que corren, aseguran que el precio de la gasolina puede ser responsable del éxito del negocio, pero para ellos el auge tiene otra explicación. «Para nosotros el cliente es lo primero, sobre todo es una satisfacción cuando entran los pequeñajos a probar las bicis», indica Arturo, que añade: «Todo lo que usted quiera pero primero el pequeñajo».

Las bicis no es lo único que consigue enganchar a estas dos generaciones. Ambos dedican parte de su tiempo libre a jugar al golf, y a disfrutar de Pablo, la cuarta generación, que a sus cinco años, ya apunta maneras para convertirse en el futuro gerente del negocio familiar. De momento, estos expertos del ciclismo ven el sector en pies de mujer. «Lo que más se vende son bicicletas para chicas». Y sigue. «Hoy con el tráfico que hay, sabes que coges la bicicleta y te evitas la gasolina y las multas». Los miembros de la familia Cachaza explican que su «apellido tranquilo» no se corresponde con la velocidad que alcanza su negocio.