La mujer, octogenaria, sube con muletas hasta el parque por consejo médico
23 ene 2009 . Actualizado a las 20:39 h.«¿Queredes vir comer o caldo? Bueno, ten algo máis que caldo, e tamén podemos facer unha tortilla se non chega». Le llaman Lola, algunos Doña Lola, tiene ochenta años, parió siete hijos «e xa teño dous bisnetos», apunta con gesto de orgullo, apoyada en dos muletas y «armada contra a chuvia», en alusión al chubasquero con el que se cubre para dar su paseo diario.
La conversación tenía lugar a media mañana de ayer sobre el asfalto de la carretera que sube desde Bens hasta el parque del mismo nombre. Sobre el asfalto porque este estrecho y sinuoso vial, tal y como habían denunciado los vecinos hace unos días, carece de aceras a lo largo de todo su recorrido.
Al lado de Lola (María Dolores Ferreiro Rey) caminaba su marido, Santiago Brandón García, que también se apoya en un bastón y en un paraguas y lleva también vestimenta para protegerse de la lluvia. Lo cierto es que solo van juntos al salir de su casa, y poco más, porque «ela camiña máis ca min», reconoce Santiago, que casi nunca corona la subida hasta el parque de Bens porque su corazón «vai moi amodiño». Además sufre otras dolencias: «Teño unha hernia aquí -dice señalando el estómago- da que non me poden operar por iso do corazón, porque os médicos teñen medo que non aguante; ¡e así imos tirando! O importante é ilo contando», filosofa en voz alta, y con una sonrisa, mientras se refugia en la embarrada cuneta de la carretera ante el paso de dos camiones que se cruzan en la misma curva.
«Levo tres anos subindo por aquí tódolos días, ou pola mañá ou pola tarde, -explica Lola- porque despois de que me operaran das dúas rodillas dixeronme que tiña que andar tódolos días». La mujer muestra la larga cicatriz de una de sus rodillas, mientras sigue explicando que ese no es su único malestar, ya que para proteger su espalda «levo unha faixa con duas placas de aceiro».
«Me da miedo verlos»
El sonido de fondo de las palabras de Lola es el de los camiones, y de algunos vehículos pequeños, que ocupan la totalidad de cada uno de los estrechos carriles y pasan a escasa distancia de los peatones.
«Cada vez que veo a esa mujer me da miedo porque va por el asfalto con las muletas», apunto un vecino de la zona, viendo marchar al matrimonio camino de su casa en el lugar de Comeanda, «é o número 28 e chámase a casa de Santiago Brandón, que é o meu home; de min non din nada, pero eu non me celo», había explicado Lola antes de seguir el paseo hasta su casa. También recordó la mujer una manifestación de los vecinos de esta zona cuando hace unos años murió una persona atropellada en esta carretera.
Hace unos meses, en uno de sus paseos, cuando Lola llegó cerca del parque de Bens se encontró con un hombre que se interesó por su situación al verla caminando con muletas en una zona alejada de viviendas; tras un rato de conversación el desconocido, que resultó ser José Manuel Alonso Platas, la acompañó hasta su casa.
Alonso habló con vecinos de la zona, con los responsables del hogar de Santa Lucía, «que es un hospital para pobres», según dice, y vio como las personas acogidas en el hogar de Sor Eusebia no acuden al parque de Bens «porque esa carretera es muy peligrosa y no tiene aceras».
Su preocupación le llevó a pedir una solución de la forma que suele hacerlo: colocando carteles en la ciudad criticando al Ayuntamiento coruñés, en cuyo término municipal está este vial, como a la Diputación Provincial, y pidiéndoles que construyan aceras en esta carretera. Después de mes y medio colgados, los carteles han desaparecido, pero Alonso considera que los organismos ya se han enterado del problema. Falta que lo solucionen.