A Moore se le atravesó el puente

A CORUÑA CIUDAD

El bicentenario de la batalla de A Coruña se clausuró ayer con la recreación del enfrentamiento en la pasarela romana de O Burgo

19 ene 2009 . Actualizado a las 19:11 h.

La pólvora la inventaron los chinos y la agotó Manuel Arenas, el instigador de las tropas hispano-británicas y francesas en el bicentenario de la batalla de A Coruña. No se puede hacer más ruido. Entre la recreación de la batalla de Elviña del sábado en los Cantones y la de ayer al mediodía en el puente de O Burgo, los ejércitos se quedaron sin artillería. Los ejércitos inglés y francés volvieron a verse las caras frente a frente en medio del puente romano de la ría de O Burgo. Como hace doscientos años, el objetivo de los británicos era que los hombres de Napoleón no pudiesen cruzar la pasarela cullerdense para que se quedasen con las ganas de alcanzar la ciudad de A Coruña. Pero los galos de entonces eran unos gallitos y ni John Moore pudo con ellos. Los soldados galos -comandados por el mariscal Soult- no se dejaron amedrentar, y lucharon con uñas y dientes -cañones, pistolas y fusiles aparte- para librar esta batalla. Finalmente, y cuando casi habían conseguido su meta, el ejército inglés, que había ido perdiendo terreno hasta quedarse replegado a la entrada del puente, los sorprendió volando la construcción romana e impidiendo que pudiesen cruzarla. Pero poco duró la alegría en casa del inglés. Las tropas ?napoleónicas, erre que erre, no desistieron y, días más tarde, se presentaron en Elviña, donde los esperaba el ejército hispano-británico dirigido por el general John Moore, donde cayó herido de gravedad al recibir el impacto de un cañonazo.

El episodio que este fin de semana se recreó en A Coruña y Culleredo fue seguido por cientos de personas. Las que ayer ocuparon ambos márgenes de la ría, junto al puente romano, sirvió para poner punto y final a los actos oficiales del 200 aniversario de la batalla de A Coruña. El colectivo histórico-cultural The Royal Green Jackets fue el encargado de organizar este evento.

La recreación del episodio del puente de O Burgo dejó escenas cómicas dentro y fuera del campo de batalla. Ver a los fotógrafos de los distintos medios de comunicación correr entre las tropas a cañonazo limpio despertó jocosos comentarios entre el respetable, como el del hombre que le comentaba su esposa que fue en esa batalla de 1809 cuando comenzaron a trabajar los fotógrafos de guerra. O Paula, una risueña niña de 9 años que no quitaba ojo a los caballos y que le preguntaba preocupada al padre si en el lugar en el que se encontraban siguiendo la batalla corría peligro de recibir un cañonazo.