Justo donde se levantaba majestuoso hasta abril del 2007 el concesionario de Louzau de Alfonso Molina hay hoy un solar. Vacío. Pero se siguen vendiendo coches. Ya no son de gran cilindrada, sino de mucha batalla. Son de segunda mano y sus propietarios los han aparcado en el arcén frente al solar del antiguo establecimiento automovilístico para mostrarlos y venderlos a sabiendas de que no hay mejor y más grande escaparate en la ciudad que la avenida de Lavedra, donde a diario circulan más de cien mil conductores. Más de uno, seguramente, estará pensando en cambiar de coche y qué mejor lugar que ese para ofrecer una oportunidad.
Los hay de 700 euros. Por esa bicoca, ayer mismo, se podía adquirir un Ford Orion con algo más de una década de vida. Y diésel. A todo aquel que le interese la ganga solo tiene que apuntar el teléfono móvil que figura en varios carteles pegados a las ventanillas y negociar con su dueño.
Pero no solo de turismos vive el concesionario al aire libre que emergió en el margen derecha de Alfonso Molina en dirección salida. También se ofrecen, a muy bajo coste, vehículos industriales y, pásmense, hasta una caravana para viajar por el mundo sin pisar hotel.
Este nuevo escaparate de la automoción es reciente. Hasta hace unas semanas a nadie se le había ocurrido lo que desde hace años hicieron y hacen muchos otros en la Nacional VI, desde Perillo hasta Betanzos. Tal fue el éxito de ventas desde el arcén en el municipio de Oleiros, que los márgenes de la vía se llenaron de coches en venta, lo que obligó al Ayuntamiento oleirense a ordenar una normativa que prohibiese esta práctica que ahora se traslada a A Coruña.
Uno de los propietarios que puso su coche a la venta en Alfonso Molina reconoce que se animó nada más comprobar la buena salida que tuvieron en la Nacional VI los vehículos allí expuestos. «Vi que no tardaban en venderse ni una semana», sostiene. Así, un día vio un coche en Alfonso Molina y como él necesitaba venderlo se dijo: «Mañana mismo aparco el mío y seguro que lo liquido rápido». Y además, sin pagar un anuncio ni regatear en una compra-venta de vehículos usados, «que no te dan ni para comprar un cenicero».