Un espíritu indómito que siempre busca nuevas fronteras

La Voz

A CORUÑA

El deporte es para Iván Raña el Lejano Oeste. Un lugar de conquistas en el que buscar nuevas fronteras. Un territorio regado de adrenalina. Una locura que no admite excusas o retrasos. Además del triatlón y el ciclismo, su otra pasión es el motor. Y la vive en familia, ya que sus hermanos también han flirteado con este deporte. El año pasado Raña compitió en el Rali Botafumeiro y, a pesar de su inexperiencia, firmó un buen papel. Primer sueño cumplido. El de las cuatro ruedas.

Ahora afronta el de las dos ruedas. Porque a Raña no le gusta que le pongan límites. Ni siquiera en los entrenamientos. Confiesa que hacía machadas innecesarias solo por probarse. «Quería hacer entrenamientos míticos. Salía a dar una vuelta y me hacía kilómetros y kilómetros, casi hasta reventar», llegó a admitir.

En el ámbito gallego es un auténtico relaciones públicas conocido por sus bromas y chascarrillos, que recuerdan en ocasiones a las de Os Tonechos. Es amigo de deportistas como Pedro Burgo, Óscar Pereiro, Ezequiel Mosquera y José Antonio Hermida. «Iván es un auténtico cachondo mental como persona, un animaliño, como diría él. Siempre está alegre, así es su carácter», relata Mosquera. «Es muy auténtico, diferente. Y muy humilde», apunta Gustavo César Veloso.

Pulpo para un rival

A Raña le cuesta estarse quieto. Y es capaz de organizar churrascadas familiares para sus colegas deportistas en un tiempo récord. O de concentrar en su casa de Ordes a otro ex campeón mundial del triatlón, el australiano Peter Robertson, y servirle el pulpo á feira y las lentejillas de su madre para que su rival digiriera mejor el cambio horario de cara a la Copa del Mundo de Madrid.

Es Raña. El hombre que no quiere ponerle puertas al deporte.