La conferencia del anterior alcalde sobre la Torre, a la que acudió Losada, abarrotó la Fundación Caixa Galicia
Con expectación propia de un artista fue recibido ayer Francisco Vázquez en el auditorio de la Fundación Caixa Galicia. Los 286 asientos se llenaron. Hubo gente de pie, y la que llegó a última hora (como un grupo de concejales del Partido Popular) se tuvo que quedar fuera. En el exterior, el colectivo Maribolheras Precarias exhibió una pancarta contra Vázquez.
Elegido para abrir el ciclo de conferencias sobre la Torre que organiza la entidad crediticia, el embajador de España ante la Santa Sede dejó caer unas cuantas cargas de profundidad en su discurso de 44 páginas. Las escucharon el alcalde y la mayoría de sus concejales. De su antecesor, dijo Losada que había sido «un gran alcalde» y ahora es «un brillante embajador». Mientras su sucesor hablaba, Vázquez miraba para otro lado. El embajador solo citó a Losada («estimado alcalde», dijo) cuando, antes de empezar la conferencia, hizo el habitual repaso de autoridades de la mesa presidencial. Por contra, Vázquez se refirió muy elogiosamente a César Antonio Molina y José Luis Méndez Romeu, dos de los que han portado, en algún momento, el cartel de alcaldables coruñeses.
Elogio del conselleiro
José Luis Méndez Romeu, concejal coruñés entre 1987 y 2004, y actual conselleiro de Presidencia, siempre sonó como sucesor de Francisco Vázquez. Cuando éste se fue a Roma, hace casi dos años, Méndez ya había emigrado a la Xunta. El embajador cubrió ayer de flores al ahora conselleiro de Pérez Touriño: «Fue durante los más de veinte años de ejercicio de mi alcaldía el mejor intérprete de un modelo de ciudad donde la educación y la cultura constituyeron los pilares sobre los que se asentaron todas las realizaciones, sobre todo las sociales, que convirtieron a La Coruña en un prototipo a seguir».
Compromiso con la ciudad
Después, el conselleiro, que fue el encargado de presentar a Vázquez, compartió elogios con otro José Luis Méndez, director general de Caixa Galicia: «Ambos José Luis son fiel expresión de un compromiso eficaz con su ciudad, desde su visión abierta, expansiva y cosmopolita de la misma, lejos de la cicatería localista».
Un gran aviso a navegantes llegó cuando habló del puerto como la «principal fuente de vida de la ciudad», lo que le dio pie a citar la dársena de Langosteira. «A su consecución dediqué todos mis esfuerzos, aunque fueron muchas las incomprensiones e ingratitudes que recogí en el difícil proceso de su obtención, pero siempre pensé, y sigo pensando, que una ciudad tiene que plantearse constantemente nuevas metas por difíciles e inalcanzables que puedan parecer, ya que su progreso no puede reducirse a ir ejecutando lo ya proyectado».
Recado al BNG
Tras el mensaje al actual alcalde, mandó un recado a los socios de Losada en el gobierno local. «El mar nos ha dado el espíritu abierto de la universalidad, que nos convierte en ciudadanos del mundo, sin que pueda existir contradicción en nuestra condición a la vez de gallegos y españoles, poseedores de dos lenguas y de dos culturas, ambas propias por igual, lo que nos permite, en el ejercicio de nuestra libertad, y sin imposiciones, elegir la lengua en la que queramos hablar y en la que nuestros hijos deban estudiar, sin ocasionar fracturas y divisiones».
Ahondó en el asunto al definir A Coruña como «un pueblo progresista, ajeno a cualquier reduccionismo o localismo rancio». Y abogó por anteponer «los intereses de La Coruña a cualquier otra consideración particular o partidista». En ese sentido, recordó «la autonomía de la ciudad frente al exterior» que, dijo, existía en su etapa.
Dante y el topónimo
Una etapa que cerró entonando el La, la, la de Massiel en María Pita, una reivindicación cantada del topónimo castellano, que fue el que utilizó durante toda la charla, y el que usaban «los cultivados florentinos». Contó que en una habitación de la casa natal de Dante, en Florencia, vio una reproducción de un mapa medieval donde se recogían rutas comerciales. La más larga terminaba en «La Coruña». «Cuando Dante escribía La Divina Comedia, los cultivados florentinos escribían el nombre de nuestra ciudad con una L mayúscula, grande y clara».
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