A Torre se convierte en la primera aldea recuperada para turismo rural

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CARBALLO

07 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace cuatro años, la empresaria Carmen Pose Blanco encontró en la pequeña aldea de A Torre, en Laxe, la casa de sus sueños. Era una pequeña edificación de piedra, derruída casi por completo, «pero con moitas posibilidades». Sin embargo, cuando se puso en contacto con su propietaria esta le dijo que la vivienda estaba en venta, sí, pero iba acompañada de otra pequeña edificación, del siglo XIX, al igual que la que ella quería, un alpendre, una enorme casona indiana construida en 1934, un hórreo, un palomar y dos extensas fincas repletas de maleza. «Vendía todo o conxunto, non tiña interese ningún en facer lotes», explica Carmen.

Y fue así como, casi en un arrebato, decidió liarse la manta a la cabeza y poner en marcha un ambicioso proyecto que fue inaugurado el pasado mes de julio: el complejo rural A Torre de Laxe, compuesto por un hotel rústico de tres estrellas, dos preciosas casitas (Cas-Axouxere y Casa da Curuxa) y apartamento (Casa da Figueira). En total 14 habituaciones dobles con nombres tan evocadores como Rosa dos Ventos, Arco da Vella, Orballo, Néboa o Xiada, que el pasado verano recibieron a sus primeros huéspedes.

A Torre de Laxe se convertía así en la primera aldea de la Costa da Morte dedicada al turismo rural, un proyecto repleto de encanto, unas vistas únicas de la ría de Laxe y Corme y de servicios adicionales, como la piscina, zona de juegos y enormes jardines en los que este mismo año prevé iniciar la celebración de banquetes. «Metínme de cheo na organización de bodas», reconoce Carmen Blanco, quien confiesa que jamás se le había pasado por la cabeza dedicarse a la hostelería.

Ella ejerció, además, como directora de obra durante las labores de restauración, que duraron casi tres años y en las que apostó por las energías renovables. «Instalei bombas de calor que funcionan co vento e que proporcionan a auga quente e a calefacción». Innovación y tradición en una pequeña aldea turística que invita a quedarse para siempre.