La masiva llegada de peregrinos a Fisterra no se aprecia únicamente en los albergues, públicos y privados, o en las casas que ofrecen habitaciones a los caminantes. Hay otro elemento que vale como indicador oficioso de que nunca como hasta ahora tantas personas alcanzaban el fin del mundo: las antenas y torres de la punta del Cabo.
Son muchos los que llegan y, en vez de quemar sus ropas en los lugares habilitados (también hay quienes encienden lumbre en cualquier lado, con el riesgo que eso implica) las cuelgan al viento en el poste del radiofaro y del pararrayos -el más alto y ancho, situado a pocos metros del edificio del faro-, o bien elige la antena de radar de alta frecuencia (permite detectar sentinazos, entre otras posibilidades) situada unos metros más abajo. Salvo detalles aislados, la práctica comenzó a hacerse costumbre precisamente cuando la Autoridad Portuaria instaló esta última antena hace cuatro años justos: de detectora pasó a detectada por los alpinistas del Cabo, y en seguida quedó recubierta de ropajes, bolsas, calzados y diversos elementos que atestiguaban el final de una larga ruta. Desde entonces, uno y otro poste se han ido alternando como estandartes o mástiles de recuerdos. La Autoridad Portuaria ha pedido al Concello en varias ocasiones que los retire, y lo ha venido haciendo con regularidad, más o menos la misma con la que aparecen de nuevo a los pocos días.
Al margen de la cuestión estética, el problema real está en el riesgo que sufren los trepadores, que tienen que subir a muchos metros cuando la base está totalmente vestida . Es lo que ocurría, por ejemplo, el viernes por la tarde, posiblemente una de las jornadas en la que el mástil tuvo más banderas domésticas.
Injustificable
El alcalde de Fisterra, José Manuel Traba, considera «inxustificable» esta práctica, que además se repite espontáneamente a los pocos días de que se hayan retirado todos los elementos. La costumbre se ha extendido tanto que ya es un uso social extendido, probablemente por el boca a boca o a través de las redes sociales (comentarios, vídeos, fotos). Desde la Autoridad Portuaria anunciaron que en breve acudirían a la zona para buscar soluciones, pero aún no hay nada.
Más de una vez se le ha intentado poner coto a este tipo de escaladas, pero sin éxito. Un método que parecía efectivo fue la colocación de paneles en la parte inferir, eliminando así los escalones de la torre. No funcionó: los peregrinos los arrancaban y trepaban de nuevo. Curiosamente, en la zona superior del faro está la otra antena del radiofaro con esos mismos paneles, y aguantan sin problemas. Solo han recibido pintadas. Al lado había otro pequeño poste de madera dedicado a la paz, que también quemaron. Otro blanco con el mismo mensaje, uno más de una red mundial, aún aguanta.