Crecí en Carballo y mis padres eran (y son) autónomos, así que, en toda su vida, sus vacaciones no han durado más de lo que dura un fin de semana, y a veces, no siempre, algún puente de cuatro días. Yo, por mi parte, me harté pronto de tener que soportar esta privación del recreo estival. Entendía su situación laboral, pero no era problema mío. Así que no tardé más de dos agostos en ponerle remedio. Con las pelas que había sacado de mi bautizo, y el amor en forma de calderillas que me demostraban mis tíos lejanos cuando venían de visita, me compré mi primer coche. Era un «sin carné» de la marca Moltó, con chasis de acero y carrocería tipo kart descapotable, de propulsión híbrida: a pedales y empujando con los pies. Con esa máquina recorrí el mundo sin equipaje.
En esa foto, la verdad, no recuerdo dónde estoy? ¡Fueron tantos los lugares! Pero a la vista de lo selvático de la flora predominante y la presencia de bidones de fuel, es de suponer que sería algún país petrolero de América del Sur, puede que Brasil, tal vez Ecuador... Ahora que lo pienso, puede que fuese la terraza de mi abuela, donde plantaba cuanta semilla caía en sus manos. Que si mi abuela no era exquisita para las flores, menos lo era para los tiestos, porque el bidón se aprecia claramente, pero si os fijáis, la otra maceta que se ve, es el tambor de una lavadora, que yo creo que cuando se compraba una lavadora, o cualquier aparato, más que preocuparse de que hiciera ruido o no al centrifugar, se preocupaba de sus posibilidades en su segunda vida como maceta. Y lo mismo plantaba flores en una secadora que en una nevera acostada. Pero esa no es la cuestión, la cuestión es que yo en mi bólido recorría terrazas, parques, la bodega de mi abuelo y los fines de semana lo cargaba en el Renault 6 de mi padre, que para mí era como el tráiler de Kitt, y recorría la costa atlántica (principalmente por la zona de Baldaio) levantando en cada curva arena de playa con bandera azul.
Y es que es lo bueno de ser un enano, que por mucho que tus padres lamenten no poder llevarte al Aquapark de Torremolinos, o a Disneyland Resort París, lo que no saben es que tú ya te has recorrido Estados Unidos de este a oeste en tu coche a pedales y has surcado los océanos a bordo del barco pirata de Playmobìl. Dejarme jugar todo el día fueron las mejores vacaciones que me dieron mis padres.