La semana pasada fue en el barrio de San Cristovo y hace alguna más en el San Martiño. El goteo de talleres que cierran es constante, tanto en Carballo como en otros municipios de Bergantiños y Soneira. En los últimos cinco años, centenares de mujeres, con poca formación académica, han quedado sin salidas laborales. Personas relacionadas con el sector calculan que desde el 2003 han desaparecido el 88% de las pequeñas empresas que trabajaban para Inditex. Ahora quedan unas 40 factorías, que están pasando momentos muy difíciles a causa de la falta de pedidos. Ello ha empeorado las condiciones laborales de las que todavía trabajan y deja a los empresarios al límite de sus posibilidades.
Un taller que sigue abierto en Carballo, y en el que hay 20 mujeres, estuvo a tope de trabajo ayer y lo estará en los próximos días, después de 10 jornadas de paro. En esta empresa no se trabajaba los sábados ni durante las fiestas de San Xoán.
Retroceso
El empleo femenino ha sufrido un retroceso extraordinario. La deslocalización de Calvo fue el primer golpe. Centenares de fijas discontinuas llevan más de tres años en sus casas. Muchas de ellas llevaban más de cuatro lustros dedicadas a la limpieza de atún.
La confección, que era una de las pocas salidas profesionales, ha seguido el mismo camino que la conserva, y también ha trasladado la producción al norte de África y a Asia. Contra eso no se puede competir en costes, a pesar de que una empleada de Caramelo con 10 años de antigüedad se llevaba solo 800 euros y cambiaba semanalmente de horario, con tres turnos, con el desgaste físico que ello supone.
En opinión de los propietarios de los talleres, Inditex se aprovechó de la zona para crecer y desde hace unos años pone el mismo margen de beneficio que a los enormes talleres que hay en el extranjero, con lo que, al final, tienen que cerrar. El precio de la prenda siempre es el mismo, y el beneficio ha de ser del 200%, pero los costes en España o China sin diferentes.
Otro sistema para clausurar los talleres es dejar de ofrecer encargos, porque desde el principio es el grupo de Amancio Ortega el que pone la cantidad, el precio y los plazos de entrega, además de exigir, con un código ético, que las condiciones laborales sean buenas para las mujeres.