En los últimos años ha habido varios anuncios, más que proyectos, y hasta un estudio, de establecer contactos firmes entre los cabos más occidentales de Europa
24 may 2009 . Actualizado a las 03:00 h.Desde siempre, los finisterres o fisterras, los extremos de la Europa occidental, han despertado un extraordinario magnetismo. «La idea del fin de la tierra o Finisterre forma parte del imaginario de la cultura occidental y se vincula a los afanes de conocimiento y conquista del mundo. Tiene que ver con la delimitación de los continentes y de los océanos, y es una representación mítica y móvil que se ha ido concretando históricamente en distintos lugares de la tierra», señala Nieves Herrero, profesora de la Facultade de Filosofía de la Universidade de Santiago en el artículo L a atracción turística de un espacio mítico, peregrinación al cabo de Finisterre , publicado en el último número de la revista Pasos .
Esa atracción está en el origen de, en efecto, peregrinaciones, además de construcciones legendarias y culturales. E incluso de viejos enlaces atlánticos, como sostenía el profesor bretón Robert Omnès. Así que no es extraño que se hayan intentado llevar a cabo proyectos de unión entre todos estos puntos, o al menos algunos de ellos.
Es aquí donde entra Fisterra, uno de los vértices fundamentales de este atlantismo celta, como lo denominan algunos autores. Fisterra, y el Finistère de la Bretaña francesa (uno de los cuatro departamentos de la región), y el Cornualles inglés, que es su Land's End, su fin del mundo. Entraría también el portugués Cabo da Roca, y Dunquin, en el condado irlandés de Kerry, y hasta el Nordkapp o Cabo Norte, en Noruega. En realidad, los titulares de la posible red han mutado con el tiempo, aunque manteniéndose siempre los tres primeros.
Conscientes de la fuerza turística que tendría una red estable de estas características, que permitiese organizar rutas comunes, editar publicaciones, organizar encuentros y seminarios o rehabilitar su patrimonio, entre otras muchas posibilidades, la asociación Neria y el Concello de Fisterra -gobernado entonces por un tripartito que encabezaba el socialista Ernesto Insua- tomaron la iniciativa de crear esa red. El documento base se titula Propuesta de creación de una red de Finisterres europeos , en el que se contienen las líneas maestras a seguir junto a los socios portugueses, franceses, ingleses e irlandeses, siempre que se consiguiese la oportuna financiación europea. Al menos por entonces existían unas líneas de ayuda para este tipo de iniciativas y para los hermanamientos. Y, sí, algo se avanzó. En octubre del 97, la Universidade de Santiago anunciaba la puesta en marcha de un proyecto de investigación en el que, en principio, e incluía solo a Fisterra, Cornualles y Dingle. Tres profesores gallegos, uno inglés y otro irlandés analizaban las semejanzas históricas, geográficas y lingüísticas.
Sin embargo, fue pasando el tiempo y poco más se supo, aunque el trabajo seguía.
En noviembre del 2004 se produjo un avance importante. El faro de Fisterra acogía la presentación de un estudio financiado por la Diputación de A Coruña, dentro del Plan de Dinamización Turística, y elaborado por el Instituto de Estudos para o Desenvolvemento de Galicia (Universidade de Santiago). Los autores del texto se ocuparon en esta ocasión de analizar los recursos del Fisterra británico, el inglés y el noruego. Con ese documento se buscaba el motor para desarrollar la oferta turística conjunta (porque la individual está muy desarrollada en alguno de los casos) de esos lugares emblemáticos.
Tres años más tarde, en abril del 2007, el congreso de turismo que se celebró en Corcubión, organizado por el plan de dinamización y la asociación de profesionales, volvía a plantear este debate, con el aliciente de que se invitó a los responsables del turismo de las fisterras noruega, inglesa y francesa.
Grandes distancias
Fue una buena ocasión para comprobar la distancia que los compañeros europeos le llevan a Fisterra en organización y gestión turística. En Cornualles, por ejemplo, el turismo mueve al año 2.200 millones de euros. En el cabo Norte, donde hay solo seis localidades con 3.500 habitantes, pasan entre mayo y agosto 200.000 visitantes. En el Finisterre bretón, coronado por el mítico Pointe du Raz, se generan 7.000 empleos gracias al turismo. Por no hablar de los planes de promoción y conservación, además del respeto al medio ambiente. Son, todos ellos, buenos lugares de los que aprender y con los que relacionarse, pero de momento parece que no hay nada más que el documento elaborado por los expertos de la Universidade de Santiago, que también se presentó en el congreso turístico.
Xan García, secretario de Neria que también lo era cuando se inició el primer estudio, recuerda que hubo algunos avances, como la visita de profesores irlandeses, además de varios intentos vinculados a los fondos Interreg, que no prosperaron. Pero cree que hay que volver a intentarlo, por ejemplo a través de los fondos del GAC o del GDR. «A idea mantense, o que importa é que haxa fondos». El alcalde fisterrán, José Manuel Traba -que aprovecha para señalar que el Concello no tiene el estudio de los finisterres realizado por la Universidade- señala que una unión de las características que se proponen es interesante, pero que el Ayuntamiento no tiene capacidad para sacarlo adelante. «Habería que facelo a través da Unión Europea, o mirar se desde o futuro consorcio de turismo da Costa da Morte se pode facer algo».
También le parece interesante a Manuel Pan, presidente de la Asociación de Profesionais do Sector Turístico, la impulsora del congreso de abril del 2007 en el que se analizaron las relaciones entre cuatro emplazamientos: «Sería bo é útil facer algo, polo menos antes de que o collan outros». Se refiere a la posibilidad de que alguna gran ciudad aproveche la marca de fin del mundo para establecer líneas turísticas o paquetes de viajes.