«O que máis nos compensa é o cariño, e que se valora o esforzo e o traballo»

CARBALLO

Vagalume es la entidad que más brilla en el barrio de San Cristovo, con el coro, el teatro, la orquesta y la asociación

28 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Es una historia curiosa, la de Vagalume. Empezó casi de casualidad en el seno de la iglesia del barrio carballés de San Cristovo, y ya lleva 18 años de actividad. Al principio era un coro parroquial de niños, y ahora se divide en cuatro secciones bien diferenciadas. Eran un grupito de niños y un monitor, y ya han pasado por sus filas cerca de 500 jóvenes. Y lo que nació de la ilusión, el entusiasmo y la afición, hoy es una trayectoria premiada en numerosas ocasiones aunque, como se verá, no es esa la principal recompensa, pero todo ayuda.

Vagalume no existiría sin el trabajo de Francisco Javier Fraga Pose. Puede que a él no le guste tal aseveración, pero eso es lo que hay. El de él, y el de (insiste en que se cite a su mismo nivel de responsabilidad) su esposa, Mónica Liñares García, con la que lleva casado 12 años (tiene una niña de tres meses, Lidia).

Javier nació en la calle Fábrica, en el bar Fraga. En el barrio de San Cristovo, al que se siente absolutamente vinculado, pese a que vive en la avenida del Ambulatorio y trabaja en A Coruña. Fue en ese barrio donde comenzó la aventura que dura ya 18 años.

Javier ya se vinculó al trabajo con los niños desde que acabó la EGB en el colegio Bergantiños. Ayudaba en las clases de patinaje, en las actividades de tiempo libre, en las deportivas. También le tiraba la música. Pasó siete años en la Banda de Música de Carballo, tocando el saxo y la tuba. También lo hace con el piano, «máis ou menos».

En aquellos años, advirtió que en el barrio no había actividades culturales para los niños. Así que las puso en marcha. Primero, como una especie de club infantil, donde los pequeños se reunían, programaban actividades. Surgió la idea de crear un coro para cantar en las misas. Fue yendo a más. Iban a bodas, a algunas fiestas. Diseñaron un uniforme. Había, pues, que darle nombre. Vagalume fue el elegido, «o que alumea». Les gustó a todos. Siguieron estivales, senderismo, actividades complementarias. Y el teatro. Poco a poco. Un certamen en A Coruña, con premio. Una actuación en el Pazo da Cultura. Había nacido Vagalume Animación, una escuela teatral que hoy tiene dos grupos.

No paró ahí la cosa, porque seguían creciendo. Javier destaca un apoyo crucial: «A Igrexa de Carballo, os seus curas. Sempre colaboraron connosco, apoiáronnos. En material, en espazos, economicamente. E sempre sen pedir nada a cambio».

La tercera etapa, vista la progresión, fue la creación de la Asociación Cultural Coro Vagalume. Un ente organizativo para los mundos administrativos, por ejemplo para pedir las subvenciones. Y la cuarta y última, el Grupo Orquesta Ilusión. Tres vocalistas, un batería, una guitarra y un teclista (Javier).

Y, claro, todo esto tiene un coste. Desplazamientos, monitores, viajes, organización. «Nunca, xamais cobramos ningunha cota, nin lle pechamos as portas a ninguén. Todo o traballo é voluntario. Nós non temos sueldo ningún. Grazas ás subvencións imos sacando isto adiante». ¿Y compensa tanta dedicación, sacrificar todo el tiempo libre en estas actividades? «Si, nós facemos isto porque nos gusta, e de feito é moi gratificante. O que realmente nos compensa é o cariño que nos demostra a xente, e que se valora o esforzo e o traballo que facemos. Nestes anos houbo algúns momentos duros, pero a xente sempre mirou por nós, sempre nos animou a continuar».

Asegura que la ayuda de los vecinos, sobre todo la de los padres de los chavales, pero también de los ex alumnos de alguno de los grupos, es fundamental. Pide que no se olviden dos nombres importantes en esa ayuda sin nada a cambio: la de Antonio Porteiro, que se suele encargar de las luces y el sonido, y la de José María Fraga, que monta los decorados. En el fondo late la idea de la solidaridad de la unión del barrio.

Lo de la gratitud no es solo de palabra. Cuenta Javier que, a él y a su esposa, han llegado a regalarle un viaje a Benidorm. O que, cuando nació su hija, les inundaron de detalles.

Los años han llevado a pequeños cambios. Por ejemplo, desde que tienen la niña, han delegado en los chicos mayores para coordinar los dos grupos de teatro en los ensayos de los viernes. La asociación cultural, con 150 socios y una meta inmediata de 170, pasa una cuota de dous euros al año. Javier y su esposa, además del empeño, se han ido preocupando de «aprender a ensinar», asistiendo a cursos de interpretación teatral o actividades de tiempo libre.

También Carballo ha evolucionado. «E para ben. Cada vez máis dinámico, e cada vez gústame máis. Xa me gustaba por ser carballés, e agora tamén como cidade. Culturalmente, isto mellorou moito. Antes, a cultura case que dependía das asociacións, e agora hai unha programación pública estable». Vagalume, por ejemplo, tiene un convenio con el Concello que les permite realizar seis representaciones al año en las diversas parroquias. Y así seguir brillando, como las luciérnagas.