La carencia de infraestructuras impide evitar las emisiones

María Varela

BARBANZA

La panacea no es la construcción de depuradoras. Es decir, no basta con eso para garantizar que las aguas residuales que se echan son inocuas. El 31 de diciembre del 2005 expiró el plazo máximo dado por la Unión Europea para implantar sistemas de depuración en todos los lugares -núcleos, ayuntamientos o conjunto de parroquias colindantes- con más de dos mil habitantes. El día llegó y, salvo en contadas excepciones, poco o nada se había hecho para cumplir la normativa de Bruselas, por lo menos en la comarca.

El actual Gobierno gallego asegura que, al ver las carencias de su antecesor, ha elaborado un plan urgente de actuación que prevé, antes de las campanadas que anuncien la conclusión del 2007, la adjudicación de veinte depuradoras. Pues bien, de nada sirve ponerse a construir plantas si eso no lleva aparejada la actualización de las redes de saneamiento, como parece que ocurre en la zona.

Es decir, que por mucha estación que haya de última tecnología, los residuos no van solos a las plantas, hay que llevarlos y, mientras no se inventen otras cosas, la única manera es mediante tuberías y adecuados sistemas de bombeo en determinados casos.

De alguna forma, entre las Administraciones local y autonómica tendrán que establecer un plan director que haga posible que la puesta en marcha de las depuradoras coincida con la entrada en servicio de las canalizaciones domiciliarias, porque de nada sirve tener la infraestructura si después resulta, como es el caso de Muros y Carnota, por citar dos ejemplos, que los vecinos tienen que seguir manteniendo sus pozos negros o, en el peor de los casos, echar los residuos por donde caigan.

Estudios

No en pocas ocasiones se redactan proyectos y estudios sobre las carencias en una u otra materia, y en este caso parece no haberse realizado en profundidad un análisis de como están las redes subterráneas, esas por las que viajan las aguas residuales. Da la impresión de que todo se arregla con las depuradoras, cuando esa es una parte del entramado.

Algunos representantes políticos de la comarca barbanzana aseguran que ha habido un escaso compromiso, por parte de la Administración autonómica, en hacer cumplir las directivas europeas.

La cuestión es que todavía queda mucho por hacer en materia de saneamiento, tanto la ría de Noia como la de Arousa soportan importantes vertidos, y la Unión Europea ya prevé otra normativa, esta vez dirigida a los núcleos con menos de mil habitantes. Según esto, prácticamente toda la comarca deberá estar saneada en un horizonte muy próximo. Si se cumplen las normas, puede que no se tarde mucho en ver una costa en la que no haya que denunciar más emisiones contaminantes.