«Los niños siempre debutan en la banda en Semana Santa, para ir perdiendo el miedo escénico»
A MARIÑA
El clarinetista Santiago Noriega Fernández es un «reenganchado» de la Banda de Música de Viveiro. «La banda solo necesita la cercanía del público y apoyo institucional. Y lo tenemos», afirma, agradecido.
-Empezó de niño.
-A los 7 años, en la escuela, junto a mi amigo Pedro Casariego. Los niños siempre debutan en Semana Santa para ir perdiendo el miedo escénico, con música más fácil, más lenta. Yo lo hice en 1979, tras los dos años de formación. A los 20 lo dejé, estaba en la Universidad y empiezas a vincularte a otras actividades. Por motivos profesionales regresé a Viveiro y gente ya veterana, de mi época inicial, me animaron a volver (en 2004). Al principio tienes mucha pereza porque no sabes si vas a estar a la altura. Pero en tu subconsciente quedaron muchas nociones que vuelven a surgir de forma espontánea.
-El clarinete requiere mucha dedicación.
-La música requiere un hábito de estudio diario y mucha capacidad de sacrificio. En cualquier agrupación hay un escalafón y uno tiene que ir mejorando para ir superando niveles. Requiere esfuerzo y técnica, el clarinete y todas las cuerdas.
-¿Qué dice su familia?
-Hay que compaginarlo todo, estoy casado y tengo dos niños. El miércoles es mi día de la música, dedico parte de la tarde al Conservatorio y después el ensayo general de la banda. El viernes, ensayo. Todos los días cojo el clarinete en casa. A los niños (de 3 y 7 años) les encanta, es algo lúdico para ellos y es una forma de que se inicien en la música, si les gusta.
-¿Qué significa para usted el concierto de mañana?
-Tiene connotaciones muy especiales, por volver a ver a Alfonso Mariño, un hombre de quien tengo recuerdos muy gratos. Y porque muchos de los miembros de la banda inaugural (de 1958) siguen vivos y van a asistir. Es una conexión entre tantas generaciones, tras 50 años...
-¿A quién da las gracias?
-Mi padre fue cantante de la orquesta Amor y en casa siempre hubo ambiente musical. A Manolo, Socorro y Blas, que insistieron para que volviera a la banda. A mi mujer, Aurelia Balseiro, por la paciencia...