La Voz de Galicia

Antonio Valín, obispo de Tui-Vigo: «Aquello de que el cura es quien corta el bacalao en su parroquia... ¡Ya no!»

Vigo

Carlos Punzón Vigo / La Voz

«La Iglesia no se va a acabar, no, pero tenemos que ser más creativos»

04 Nov 2025. Actualizado a las 00:48 h.

«Hasta ahora, Antonio solo me lo llamaban en casa. En mi clase eramos siete u ocho Antonios. Por eso siempre me han llamado Valín, hasta que me hicieron obispo. Creo que hay mucha gente que ni sabía ni que me llamaba Antonio», confiesa el prelado de Tui-Vigo, nombrado por el papa Francisco el verano pasado.

No oculta lo que ha cambiado su vida desde que es obispo, empezando por el salto geográfico dado desde el Ribadeo en el que nació en 1968 al Vigo donde le gustaría alcanzar su retiro cuando le tocase renunciar al cargo por cumplir 75 años. Para eso le quedan casi dos decenios por delante, en los que asegura que hay que tratar de conseguir «una Iglesia más creativa y transparente, aunque los cambios cuesten. No me da miedo ese cambio».

De entrada, conduce su coche hasta las iglesias parroquiales en las que se presenta los domingos sin avisar para oficiar misa en una mezcla de naturalidad, cercanía y auditoría que en su cabeza va haciéndose de las 276 parroquias a su cargo.

Hijo de una de las imprescindibles ?para el avance literario del país? agentes comerciales de Círculo de Lectores, que después fue portera de su colegio, y de un pintor «de brocha gorda», el obispo Valín se declara a la vez tímido y curioso, doble condición que sugiere también la afabilidad de una sonrisa casi permanente pero que no oculta un perfil que se adivina resolutivo.

Al terminar COU (actual segundo de bachillerato) comenzó su trayectoria en la Iglesia, en el Instituto Teológico de Santiago. Solo contaba con el antecedente familiar de una tía monja. «A mi padre le sorprendí muchísimo. Derribé los planes que tenía para mi, pero siempre conté con el apoyo de los dos», recuerda. «Coa culler que escollas, as comer. Escolle aquilo que te faga feliz», me dijo mi madre, como mi abuela le había dicho a mi tía», dice mientras rememora los duros últimos años de convivencia de su madre con el Alzheimer.

El obispo que le ordenó cura, monseñor Gea Escolano, uno de los mitrados más mediáticos y polémicos de la Galicia de finales del siglo pasado, sugirió a Antonio Valín estudiar periodismo, sabedor de la importancia del manejo del relato. Tener que cubrir una baja de formador en el seminario frenó esa carrera, pero un máster en comunicación cristiana subsanó en parte esa inquietud generada. «Fue una experiencia muy interesante, mezcla entre teología y periodismo», señala quien advierte al hablar de la imagen de la Iglesia que «tenemos que comunicar y vender bien. Mirar para otro lado en cuestiones como el de los abusos es absurdo. Durante un tiempo se gestionó mal este tema», no duda en asumir la crítica.

Se describe como un hombre de Iglesia grupal. «Desde los diez años hasta que me hicieron obispo formé parte del campamento de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Siempre participé en las cosas de la Iglesia», alardea.

«¿Tú estas seguro de que quieres ser obispo?», le preguntó su padre el día que le plantearon el cargo. «El primer sorprendido he sido yo, le contesté. Y es así, no me lo había planteado, yo era un hombre de parroquias». Tan inesperado asegura que fue su nombramiento, que las llamadas perdidas acumuladas en su móvil mientras daba clase que efectuó el nuncio apostólico las interpretó como una segura reclamación de algún trámite burocrático. «Recibí también un correo que en el asunto ponía ‘monseñor Valín Valdés', pero pensé que era la broma de un amigo, nunca que se tratase de una propuesta del Santo Padre. Menos mal que estaba en casa cuando leí el correo. Reconozco que ese día no comí, le di muchas vueltas. ¿Qué pinto yo de obispo?, me preguntaba».

En realidad, la carrera de Antonio Valín ha sido una sucesión de cargos de responsabilidad, incluida la interinidad del obispado de Mondoñedo-Ferrol en situación de sede vacante. «Ser obispo es algo serio, aunque yo no soy nada formal».

«Mirar para otro lado en cuestiones como el de los abusos es absurdo. Se ha gestionado mal»

Fue convocado a Roma junto a los 152 obispos de todo el mundo nombrados el año pasado. «Éramos un mogollón de obispos» a los que el papa Francisco recibió sin papeles dispuesto a responder todas sus preguntas. El encargado del dicasterio, el filtro previo al nombramiento de los obispos, era un cardenal de nombre Robert Prévost, el actual papa. «Es un hombre sumamente cercano, muy amable. Son dos estilos distintos», dice comparando a ambos pontífices. «La Iglesia es muy rica y plural, pero lo que prevalece es que lo que se hace siempre, lo que conviene».

M.MORALEJO

Para el obispo de Tui-Vigo la realidad de la Iglesia «es muy poliédrica», como decía el anterior papa. Ve crisis de vocaciones en Europa, pero no en África, Latinoamérica o Asia. «Aquí llevamos mucho peso de la historia, un cristianismo de costumbres, pero estamos en un momento muy interesante. Como decía el papa Benedicto, la Iglesia del futuro va a ser más minoritaria, pero posiblemente más comprometida y auténtica. Cada uno tenemos un papel. Soy optimista y estoy esperanzado», manifiesta. «La Iglesia no se va a acabar, no ¡qué va!».

Tras acabar de hacer un cambio en masa en la dirección de varias parroquias, el obispo Valín anuncia una modificación de paradigmas: «ya no se debe pensar solo en mi parroquia, mi campanario, mi cementerio... la idea es trabajar en conjunto con distintos roles. Aquella imagen de que el cura es el que corta el bacalao en la parroquia ¡ya no! No es bueno estar treinta años en el mismo sitio. Entiendo que se acuerden de la madre del obispo cuando se cambia a un párroco al que se quiere mucho, pero es interesante cambiar, no un baile de cambios, pero la Iglesia tiene que ir a una nueva estructura».


Comentar