¿Puerta o finisterre?
Opinión
10 Feb 2007. Actualizado a las 06:00 h.
DE TAN provincianos que somos, a este paso nos van a redescubrir Irlanda desde Madrid. Días atrás, un prestigioso analista económico impartió en Vigo una conferencia sobre los retos económicos para España. Como referente a emular, en ritmo y calidad del crecimiento, citó varias veces el modelo irlandés. Me alegró oírlo porque, por mi parte, en unas charlas sobre economía gallega en la capital de Galicia, comprobé cómo esta comparación era vista como poco procedente. Irlanda, en principio, ocupa una posición más periférica -más finisterre- que Galicia. Sin embargo, ha conseguido auparse en pocos años a la cabeza de la riqueza nacional de la Unión Europea a fuerza de actuar como una puerta en dos temas clave: las inversiones extranjeras y la difusión tecnológica. ¿Podríamos emular desde Galicia esta estrategia? Creo que sí. Nosotros podemos ser una puerta porque somos un país-puerto. Coruña-Ferrol, Vigo-Marín-Vilagarcía y Oporto conforman una región urbana que, según las previsiones de Fomento, moverá tantos contenedores dentro de quince años como el puerto de Barcelona. Es decir, las mercancías de mayor valor añadido que circulan por la economía global. Ese papel de puerta y acceso entre Europa y la América y África atlánticas es una potencialidad segura para la localización de actividades empresariales, de inversión extranjera. Citroën no debiera ser un ejemplo irrepetible. Y, al revés, esa región urbana es una plataforma de localización global de nuestras empresas. Inditex, Pescanova y otras firmas locales deben tener entre Ferrol y Oporto un corredor ferroportuario (con áreas logísticas e industriales) que les permita fijar aquí el mayor valor añadido para sus mercados mundiales. Ésta sería la manera de adaptar el modelo irlandés a nuestro caso; la forma de pasar de finisterre a puerta: los puertos. La otra palanca irlandesa es la puesta en valor productivo de la difusión tecnológica. No digo la producción de patentes o tecnología propia, porque creo que nuestro mayor reto también es aquí ser una puerta de acceso. Saber incorporar o adaptar a nuestras necesidades productivas la ingente tecnología disponible en los países líderes en Europa y en el mundo, para generar productos y procesos de más calidad, únicos, con prestigio. La otra parte sustantiva de la difusión tecnológica que necesitamos -como ocurrió con Citroën- vendrá de la mano de los inversores extranjeros. Por una u otra vía, también en esto ser puerta de acceso ágil y selectivo a cualquier recurso tecnológico, en cualquier parte del mundo. Dejar de pensarnos como un finisterre. Como la periferia radial de una España que, eso sí, juega su papel trasatlántico desde Barajas o desde el puerto de Barcelona. No vaya a ser que mientras nos animan a ser puente cultural con Iberoamérica -desde el Icono de Gaiás-, se descarte Vigo -en favor de Barcelona- como puerta logística con Sudamérica. O que mientras presumimos de conseguir un AVE puro a Madrid, no sepamos qué hacer con las mercancías que el área metropolitana de Oporto necesita sacar hacia León y el valle del Ebro. No sigamos actuando como un finisterre provinciano.