La Voz de Galicia

Algún designio de Hamás

Opinión

| EDUARDO CHAMORRO |

14 Jul 2006. Actualizado a las 07:00 h.

EL CONOCIDO efecto mariposa, que relaciona el estornudo del animalito con un tifón en sus antípodas, se verifica con trágica -y para algunos sagrada- obstinación en Oriente Medio y Próximo, donde una de las diferencias es que no hay antípodas ni casi distancias. Más bien, por el contrario, se trata de un escenario enconado donde todo se acumula, amontona y arracima de manera que la ventolera de las peores opciones desplaza habitualmente no ya a las mejores, sino a las puramente regulares. Si el observador se atiene a lo que hay en Irak y Afganistán, aún goza de un margen para jugar a la visión de la botella medio llena o medio vacía, y contentarse con lo que hay de optimismo y pesimismo, entusiasmo y depresión, en una actitud tan contemplativa. Pero la cosa no resulta tan acomodaticia si la perspectiva y la inteligencia de las cosas se sitúa entre el atentado de Bombay y el cumplimiento de los designios del Gobierno de Hamás en Palestina, en el sentido de internacionalizar su conflicto con Israel mediante la implicación de Siria, Líbano e Irán. A partir de ahí, cabe trazar un arco de inestabilidades en el que las incertidumbres no surgen precisa y exclusivamente del campo enemigo, sino que andan al acecho entre las líneas de los supuestamente aliados. Así, la amenaza de Al Qaida pasa en su capacidad orgánica por todos los grupos salafistas y waabistas enraizados en Arabia Saudí, al igual que atraviesa todas las redes yihadistas activas en Pakistán. Arabia Saudí y Pakistán son aliados de Estados Unidos, siempre y cuando se añada a esa consideración el calificativo de imperfectos, no sólo en cuanto a las escasas garantías de sus actitudes más allá del corto plazo, sino también en lo que respecta al alto grado de corrupción y oportunismo que condiciona y, en no pocas ocasiones, determina la articulación de sus criterios y la puesta en práctica de sus juicios. Conviene no olvidar que un aliado tan crucial como el general Mussarraf no pasa de ser un tipo capaz de destituir a cualquier juez que no esté dispuesto a seguir la ilegalidad de sus instrucciones. Como tampoco fue capaz de impedir que el responsable del plan nuclear paquistaní, Abdul Qader Khan, vendiera a quien fuese todo lo que le pagara. En esa inestabilidad de las lealtades -como uno de los argumentos subyacentes de la obra- e incertidumbres de las alianzas -que hoy pueden ser, pero mañana puede que no- la internacionalización lograda por Hamás como único futuro de una política palestina criticada hasta por el mismísimo presidente de la Autoridad Palestina, no tiene como límite ni se agota en lo que pueda pasar con Líbano, Siria e Irán. El Gobierno palestino de Hamás puede estar jugando perfectamente con la hipótesis de que la puesta en escena de su conflicto con Israel en un escenario que abarcara todos los acechos antiamericanos puestos en actividad coordinada podría dar lugar a un espectáculo ante el que la Unión Europea, Rusia y China se declararan meros espectadores, simple gente dispuesta tan sólo a pasar un ratito por allí para aprender multilateralismo.


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