Transportistas que llevan emigrantes a Suiza: «Algún ano fixen 350.000 quilómetros»
Galicia
El precio del viaje no es alto, el trayecto Galicia-Suiza sale por 160 euros
22 Jun 2013. Actualizado a las 07:00 h.
Hace un año justo, el taxista Ángel Vázquez, de Baio, decidió aparcar su Mercedes clase E en casa, dejando atrás 26 años seguidos de viajes, semanales o quincenales, a Suiza. Quiso la casualidad que justo esos días el cuentakilómetros se detuviese en 999.999 kilómetros, una avería del tablero casi premonitoria de que ya había llegado el momento de la jubilación. Ahora, doce meses después, tanto el coche como el dueño están en perfectas condiciones, mucho más relajados que aquellas tiradas de unos 5.000 kilómetros ida y vuelta. Ángel contó unos mil trayectos, por tanto cinco millones de kilómetros.
Su caso es uno más de los numerosos conductores gallegos, la gran mayoría de la Costa da Morte (además de un histórico de Abegondo), que atraviesan las carreteras francesas hacia Basilea, más al norte, o Ginebra, y siguen por la capital y otras ciudades, incluso hasta el extremo este, en Liechtenstein, llevando y trayendo residentes, nuevos emigrantes en busca de fortuna o con trabajo ya asegurado, y mercancía. Todo tipo de mercancía.
Jaime Martínez González es otro de los veteranos. Conocido como Carpio, natural de Muxía y residente en Cee, lleva 27 años en la carretera, en la que ha ido dejando ya nueve vehículos, furgonetas incluidas. Desde hace tres años, su hijo Micael (26) trabaja con él y, o bien se turnan en los trayectos, o bien comparten. Calcula que entre todos han realizado nueve millones de kilómetros. «Andamos por toda Suíza, e todas a semanas. Houbo algún ano que fixen ata 350.000 quilómetros», explica. Es un trabajo que le gusta, pese al cansancio. Ha traído de todo desde Galicia. «Cociñas, ventás, materiais de obra....», resume.
En casi tres decenios sobre la carretera ha visto muchos cambios. Ya tuvo los años del retorno, de enviar de nuevo a casa a los que se jubilaban o cobraban parte de la pensión, el famoso segundo pilar, decisión de la que tantos se arrepintieron y ahora tratar de regresar de nuevo, y en algunos casos lo logran. «E agora é ao revés, hai máis galegos ca nunca», una consideración un poco exagerada (las cifras de los sesenta y setenta son inalcanzables), pero sintomática de lo que ocurre.
«Non veñen só en taxi, vense moitos coches españois por todas partes». Otros eligen los autobuses, los aviones o los trenes. Los flujos no son uniformes ni controlables como antes. Y más que habría, de tener el trabajo asegurado. «Se houbera traballo para todos, non parabamos», confiesa Andrés Romar. «Son moitísimos os que o intentan e preguntan, pero non hai para todos. E aínda así hai sitios de onde está emigrando todo o mundo», explica. La cosa está mal: «Moita xente do mundo do mar quere irse. O pobre cada vez está peor», sentencia Romar, que lleva unas dos décadas con el taxi. Echa la vista atrás y recuerda a trece compañeros de la época en que empezaba. Si el ritmo de viajes se mantiene, volverán esos tiempos.
El precio del viaje no es alto. Martínez informa de que el viaje Galicia-Suiza sale por 160 euros, 24 horas de media de duración, depende del destino.
Garantiza comodidad y las paradas necesarias, además de sitio suficiente para el equipaje, con un remolque de buenas dimensiones. Tirando de historial, también seguros: Carpio solo ha tenido un accidente en casi tres décadas de carretera. Aunque la mayoría de los clientes la comodidad que buscan es la del empleo: «Coloquei moita xente, pero non é fácil, e cada vez menos. Moitos buscan, pero non todos atopan».
Manuel Figueroa, otro muxián que se afincó en Cee, es el responsable del centro español de Liechtenstein, donde casi todos los socios (más de 300) son originarios de la Costa da Morte. Hasta ese extremo llegan los taxistas con regularidad, «incluso cada quince días». Dos de Muxía son fijos. Explica que los ocupantes a veces llegan cargados de ilusiones.