El más antiguo de la calle
Firmas
Antonio González empezó a trabajar en la tienda de su padre cuando era un niño
28 Oct 2012. Actualizado a las 06:00 h.
Aún era un niño y ya estaba repartiendo pedidos en un cajón de madera aprovechado de alguna marca de coñac, que era donde antes llevaban a las casas los encargos a domicilio. La Ronda de Don Bosco era entonces muy distinta, ya que el Mercado de O Progreso aún funcionaba como mercado central de frutas.
Antonio González Pérez, que llegó con su padre a Vigo desde O Carballiño, en Ourense, no era más alto que el mostrador cuando empezó a ayudarle en Almacenes González, un establecimiento que su progenitor, Alfonso González Puga, abrió en la céntrica calle como lo que entonces era una tradicional tienda de comestibles. «El nombre fue una coquetería suya, que quiso poner en el cartel lo de almacenes en plan fino, pero lo que traía eran patatas, membrillo, azúcar, el aceite que se echaba con una bomba de mano para medir la cantidad, y productos típicos de los colmados de la España de los años 60», algo que, según apunta, ha vuelto a ver viajando a Marruecos y Túnez.
Su padre falleció en 1977 y desde entonces Antonio regenta el local junto a dos empleadas, María del Carmen, que lleva 35 años, y Belén, que lleva 18. «Todos hacemos de todo. El director de orquesta también tiene que conocer los instrumentos».
Aunque hace 16 o 17 años Antonio decidió darle un vuelco al negocio que «es el más antiguo de la calle aunque yo no soy tan mayor», de aquella época conserva el rótulo de cristal original. «Tiré todo, y aunque eliminé una de las dos puertas y modifiqué el tamaño de los escaparates, la fachada es igual, con las maderas torneadas y el mismo mármol, respetando la idea primitiva. Dentro es todo diferente, hay que adaptarse», razona.
El cambio de tienda tradicional a charcutería-jamonería se produjo en los años 80 debido a la presión de las grandes superficies. Pero apunta que hay un sector creciente que prefiere las pequeñas tiendas «porque hay un contacto personal, porque se fían de lo que les dice el comerciante y porque las calidades son diferentes». En su caso, es así. Los jamones seleccionados y los embutidos ibéricos son la marca de la casa. «Nosotros nos buscamos la vida para tener algo distinto y mejor. Yo, por ejemplo, hago dos o tres viajes al año para buscar pequeños secaderos de jamón donde la calidad es mejor. La industrialización baja la calidad y lo de las marcas es una tontería porque ellos no crían los cerdos», afirma.
Con los quesos sigue la misma norma. «Es un producto muy local, hay muchas pequeñas fábricas de excelente calidad, pero hay que ir allí. El queso viaja poco. Y actualmente en 24 horas tienes la mercancía, pero antes hay que contactar, conocerlo, probar y negociar». Y eso es lo que hace, «además de seguir probando y tratando de mejorar, por eso si aparece algo mejor, lo traemos». También viaja para probar vinos y hay algunas ferias que no se pierde «para estar al día», como Alimentaria, en Barcelona, o Gourmet, en Madrid, «y una feria internacional de quesos que se hace en Trujillo, una maravilla».
Aunque los ibéricos son el fundamento de la tienda, también dispone de otro tipo de mercancía exclusiva, como el bacalao de Noruega, que genera grandes colas en Navidades, o los polvorones Felipe II.
Como experto en jamón, Antonio reconoce que «en Vigo es una pesadilla, la humedad es el enemigo público número uno del jamón, lo deteriora, y no se puede luchar contra el clima, es ponerle puertas al campo. Por eso nos ponemos muy contentos con el tiempo seco y calentito», explica y añade que también es importante el corte, «no es cuestión de máquinas, sino de saber cómo usarlas».