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Balaídos acogió hace 13 años el último España-Brasil

España y Brasil se disputan el reinado del fútbol mundial en la final de la Copa Confederaciones

30 Jun 2013. Actualizado a las 23:52 h.

Una Brasil en formación pero con la solera de una pentacampeona del mundo y Neymar como estandarte, y el reconstruido Maracaná, el estadio más reconocido del planeta fútbol, esperan a España en la final de la Copa Confederaciones, un torneo sin la esencia de una Copa del Mundo o de una Eurocopa, pero de interés creciente y con el duelo soñado para prestigiarlo.

Cumplidos cinco años desde que la selección se instaló en el éxito al conquistar Viena con ese gol de Fernando Torres a Alemania, llega el gran desafío en una cita que bien podría repetirse el verano próximo en la final del Mundial. Nada mejor que vencer a la canarinha en Río de Janeiro para cerrar una secuencia única de triunfos en grandes campeonatos.

Pero, como dijo Del Bosque tras el triunfo ante Italia en los penaltis, Maracaná no representa solo el final de un ciclo sino también el comienzo de otro. Desde que se coronó en Europa con Luis Aragonés, España lo ha conquistado todo, salvo, precisamente, la Confederaciones. En Sudáfrica, Estados Unidos rompió las ilusiones en las semifinales. Por lo tanto, es el momento de quitarse esa espinita siempre molesta. Y nada mejor que hacerlo contra la única selección a la que no se ha medido la mejor generación española de la historia.

Con Casillas y Xavi como estandartes, la generación de oro del fútbol español toca el cielo futbolístico al ritmo que marca Andrés Iniesta. El hambre sin fin de un grupo de jugadores cuya grandeza radica en el deseo continuo de ganar. Ya son leyenda y quieren más. Desean la Confederaciones por ser el único que les resta por conquistar.

Dificultades

Los españoles se enfrentan al anfitrión, a una afición hostil y a unas condiciones adversas por el calor y la humedad. Por si todo ello fuera poco hándicap, se añade el día menos de descanso y esa semifinal extenuante ante Italia, con prórroga incluida.

Con mejores resultados que fútbol y un juego poco lucido en el centro del campo, pero resolutivo en ambas áreas, Brasil quiere ofrecer a su afición la cuarta Confederaciones, tras las conseguidas en 1997, el 2005 y el 2009. Pero más allá de este choque, la obsesión de Scolari es «construir un grupo consistente, equilibrado entre ataque y defensa, y que llegue al Mundial del 2014 con un nivel altamente competitivo».

Nada que ver el perfil actual de España, ganadora y optimista, con aquella selección maltratada por la mala suerte y los árbitros que perdió ante los auriverdes en el México 86 el último de sus cinco partidos oficiales. El australiano Bambridge no concedió el tanto de Míchel, el gol fantasma más famoso del fútbol español, y sí el de Sócrates bordeando el fuera de juego. Y ocho años antes, en Argentina 78, aquel error de Cardeñosa simbolizaba a una selección perdedora. Es hora de la revancha.


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