Pescadores en todos los mares
A Coruña
El padre empezó como redero de los bacaladeros de Terranova y el hijo capturando pez espada en las costas de África. Ambos son patrones de pesca
24 Aug 2008. Actualizado a las 02:00 h.
Cuentan historias de los mares que hay desde las heladas costas de Terranova hasta las cálidas aguas del continente africano. Entre las muchas cosas que tienen en común está que su primera marea (tiempo que un barco está pescando sin volver a puerto) la hicieron casi de pantalón corto. Manuel Muíños Blanco no había cumplido los 15 años (edad mínima entonces para embarcar) cuando se marchó a pescar bacalao a Terranova en uno de los barcos de la desaparecida Pysbe, de Ferrol. Iba como ayudante de redero, unas redes que el hielo congelaba sobre la cubierta de madera echándolas a perder.
«E o sitio donde máis frío pasei», recuerda, para apuntar luego que el bacalao «sacou moita fame en Galicia; traíamos moito bacalao e por iso cando chegábamos a terra tiñamos cartos». Dinero suficiente para comprar su primera bicicleta, «unha super BH que daquela era como ter ahora un Porsche ou unha cousa así». De esa época recuerda que su madre le había comprado unas presillas para el pantalón «e iba de traxe na bicicleta».
También en los primeros años sesenta iba a pescar «con capitáns franceses, que eran mellores que nós». Había una fragata gala «que nos levaba fruta fresca, carne, patacas e de todo unha vez cada semana; alí nos xuntabamos os 15 ou 20 barcos para recoller todo, algo que non tiñan os da flota española que era unha escravitude, levaban aqueles potaxes con alubia roxa...». En aquellos años, «falaba con meu padriño, que ia noutro barco, con bandeiras de sinais». Ahora su hijo lleva un ordenador portátil a bordo, un notable cambio en las comunicaciones.
Las zonas de pesca del Gran Sol y el Atlántico Norte son compartidas por padre e hijo, aunque con cambios notables, puesto que antes cada marea no duraba más de 20 días «porque non aguantaba o peixe», mientras que ahora el hielo permite un mayor tiempo de conservación. Otra diferencia significativa son las tripulaciones, que se han reducido casi a la mitad.
Brasil
«Os fillos van ao mar se non ven outro traballo», apunta el padre y explica que en el caso de su hijo fueron una serie de circunstancias familiares lo que le llevó a la pesca: «Na primeira marea veu conmigo e estivemos 52 días». Al cabo de poco tiempo, y cuando ya era patrón de pesca, el joven fue a pescar pez espada en las costas de África, Brasil o las costas de Perú. «En África saliamos á rúa mal vestidos, como si foras un vagabundo, porque se nón podíante atracar en calquer momento». Esa peligrosidad hizo que, por consejo de su padre, empezara a ir a pescar en el Atlántico norte, «ahí pola costa de Francia, que está máis cerca da casa».
Ambos coinciden en que los jóvenes de ahora no quieren ir al mar, en el descenso de la cualificación de los tripulantes, en los enormes gastos de un pesquero (siguen hablando en pesetas), en la reducida rentabilidad, en la entrada de armadores «que veñen do ladrillo, so a facer cartos» y en la crítica a argumentos como que no maten focas en Canadá: «Se non mataran esas focas, ¿canto bacalao comerían todo o ano? ¿Que ian ir pescar os bacaladeiros?».